domingo, 6 de julio de 2008

RETENCIONES, VALOR AGREGADO E INDUSTRIA ACEITERA

Por Alberto Ferrari Etcheberry
1. De un modo ciertamente caótico, el debate sobre el sector agropecuario y la agroindustria, ocupa hoy el centro de la escena política. Que la discusión sobre los temas que hacen al corazón de la economía argentina no haya merecido un lugar destacado en la agenda política nacional durante tantos años, sólo confirma la distancia que separa a ésta de las realidades cotidianas del país. En cualquier caso y más allá de tanto enfrentamiento y tanto despilfarro, bienvenido el debate.
2. Entre las muchas cuestiones que se discuten hoy, aparece como un latiguillo recurrente el tema de agregar valor a la producción primaria. Parece haber un consenso casi automático cuando se propone que el país no se limite a exportar commodities, y que debe transformarlos en productos de mayor valor generando más empleo y mejores salarios. Sin embargo, se dice qué se quiere pero poco se concreta el cómo.
3. Hay muchas vías para fomentar el desarrollo de industrias de transformación que aumenten el valor total de la producción agropecuaria que, en realidad, debería comenzar desde la producción misma, alentando la diversificación productiva frente al monocultivo. Pero en la práctica concreta, la única vía utilizada en la economía argentina para lograr ese supuesto "mayor valor" ha sido y es la diferencia en el tratamiento arancelario de la exportación (cuando no la lisa y llana prohibición de exportación de materias primas).
4. ¿Qué significa? : beneficiar al producto de supuesto "mayor valor agregado" con un impuesto a la exportación (retenciones) menor que el que corresponde a su materia prima, diferencia que paga el productor. Esto es, el estado impone a quien produce la materia prima un impuesto que de tal modo se "privatiza" directamente a favor del tercero beneficiario.
La consecuencia de este sistema es que transforma estas exportaciones en nuevos commodities, pero esta vez legitimados por su supuesto carácter industrial.
5. La primera característica de este mecanismo de promoción es que oculta el monto de la transferencia de ingresos que se realiza hacia el sector que se pretende promover. También se oscurece quien cede dichos ingresos: el Estado o el productor de la “materia prima” castigada. En este “limbo” sin cifras ni aportantes definidos, se ha consolidado con los años una enorme transferencia de ingresos que en muchos casos aparece como absurda y en otros, desproporcionada.
6. El caso más relevante es el de la industria aceitera, que ha recibido un tratamiento favorable por lo menos durante los últimos 30 años.
Es importante señalar que el valor agregado total que la industria aceitera genera al moler soja y convertirla en aceite crudo y harina es ínfimo en relación al valor de la soja. También lo es en cuanto a la mano de obra ocupada: los escasos trabajadores serían millonarios si se distribuyera entre ellos el subsidio que la industria recibe.
7. En la industria aceitera internacional ( ver "OIL World" publicación editada en Alemania, la principal del mundo) se consideran “buenos momentos” para esta actividad, aquellos en los que el mercado valora el llamado "crushing margin" o "ganancia por la molienda" en 12 o 15 dólares por tonelada, esto es, el valor de los subproductos de la molienda por sobre los de la materia prima utilizada para la molienda. A los valores actuales de la soja esta ganancia normal significa entre el 2% y el 3%.
En la Argentina por sobre ese margen "normal", que ya de por sí justifica el negocio rentable en cualquier país del mundo, la industria aceitera agrega el beneficio del tratamiento arancelario, el vulgarmente llamado diferencial.
8. Desde el 11 de marzo de 2008 (retenciones móviles) el diferencial es de cuatro puntos en relación al derecho de exportación que paga la soja: a los precios actuales de la soja más de 20 dólares por encima de la ganancia empresarial normal.
La industria aceitera ha recibido sistemáticamente diferenciales arancelarios que en muchos casos superaron todo el valor agregado de la industria. Eso explica las grandes inversiones realizadas en nuestro país, principalmente por las grandes compañías extranjeras e internacionales, en estos años, en puertos y plantas de molienda, cuyo monto sin embargo alcanza a sólo una parte de los subsidios “ocultos” recibidos por esta vía y que pagaron los productores agropecuarios, pues el grueso se remitió a las casas matrices del exterior.
9. La Argentina compite internacionalmente en el mercado mundial de soja con otros países americanos: en orden de importancia: Estados Unidos y los que integran el MERCOSUR : Brasil, Paraguay, Uruguay, más Bolivia Ninguno de estos países tiene beneficio arancelario alguno para su industria aceitera de exportación.
10. Un efecto de esta sobreprotección es que la industria sobre invertida, esto es, con capacidad ociosa, por lo que ha actuado y actúa como un poderoso impulsor de la monoproducción de soja, que hoy retóricamente se critica. Tan increíble es la situación actual, que la industria aceitera local ha conseguido que se le autorice la importación "temporaria" en enormes cantidades de soja de Paraguay, que la industria procesa aquí y exporta, pudiendo obviamente competir en el mercado internacional sin necesidad de la protección de diferencial arancelario alguno; mientras que si la soja que procesa es argentina "necesita" comprarla con un descuento del 4%!!!, esto es, no menos de veinte dólares por tonelada.
11. Durante la vigencia de la convertibilidad (1992/2001) se eliminaron las retenciones a la exportación. Sin embargo hubo una excepción para las oleaginosas (soja, girasol y otros) que mantuvieron un 3,5% de retenciones al sólo efecto de asegurar un descuento en la materia prima para la industria aceitera. Si se hubieran eliminado efectivamente las retenciones para lograr el mismo efecto debería haberse puesto un subsidio pagado directamente por el presupuesto nacional del 3,5% sobre el valor total exportado de aceites y harinas. En ese supuesto el costo hubiera sido fiscal y se explícitaría, quedando claramente determinado el monto de la transferencia de la comunidad a estas cuatro o cinco empresas extranjeras multinacionales y una nacional.
12. Del mismo modo si hoy no hubiera retenciones para la exportación de soja y girasol, sostener el mismo diferencial de exportación le costaría al fisco más de 850 millones de dólares. Una vez salido del “limbo” este subsidio sería inexplicable. Como en la realidad lo paga, aunque encubiertamente, el productor agropecuario, esta situación no es parte de la discusión.
13. Más desproporcionado aún es el régimen para biocombustibles, cuyas plantas son de los mismos grupos aceiteros. El biodiesel hecho en base a aceite de soja se exporta (en su totalidad) con el 20% de retenciones contra el 42% que hoy paga el aceite y 46% que paga la soja, esto el impuesto que paga el productor agropecuario (hasta el 11 de marzo la retenciones fueron del dos por ciento contra 35% de la soja!!!). Se espera una exportación de no menos de 1.200.000 toneladas de biodiesel, por lo que a esos 850 millones de dólares de subsidio debe sumarse no menos de 350 millones de dólares más. En suma: un total de 1.200.000 millones de dólares que los productores graciosamente entregan principalmente a cuatro o cinco enormes multinacionales extranjeras.
14. El biodiesel es un proceso de fabricación sobre la base del aceite de oleaginosas (soja) que internacionalmente cuesta 100/120 dólares la tonelada, siendo este valor agregado considerado un excelente negocio. Acá en la Argentina la industria aceitera por encima de esa ganancia normal, recibe un subsidio de no menos de 300 dólares por tonelada!!!, que están pagando los mismos productores movilizados desde marzo pero sin que esta situación se encuentre en su agenda de reclamos. Hoy con el precio internacional tan alto del aceite de soja, el precio del biodiesel está por debajo del de su materia prima, el aceite de soja, y es por eso que en otros países la fabricación de biodiesel está paralizada, en contraste con la Argentina donde continúa alegremente, alentada por determiandos medios, la inversión, - datos del mercado sostienen que una planta se amortiza en un año !!!" - gracias al enorme e irracional subsidio.
15. La industria aceitera argentina hoy lidera las exportaciones mundiales de aceites y harinas de soja y girasol. Está sumamente concentrada y en la práctica en manos de las principales extranjeras multinacionales del sector. No tiene sentido discutir sobre el pasado: lo que está claro es que hoy no es necesaria subsidio alguno ni transferencia de recursos de la producción.
16. Hace largos 100 días que el país está atrapado en un enorme conflicto, donde se discuten alrededor de 10 puntos de retenciones (del 46% al 35% para la soja). Eliminar el inexplicable beneficio del que goza la industria aceitera acercaría en varios puntos esa discusión.
Si, por el contrario, se olvida que consolidar la discutida resolución 125 por ley significaría consolidar por 4 años más este absurdo y enorme beneficio a una industria extranjera a cargo de todos los productores del país, sería otro verdadero escándalo.