domingo, 22 de febrero de 2009

Las cosas por su nombre

Por Mario Arcusin
El hombre, a diferencia de los otros seres vivos (especialmente de los otros animales), y sin entrar a particularizar, adquiere los conocimientos que demuestra tener (cuando los tiene), ya que su bagaje no es innato.
Así, por ejemplo, no hay otra manera de saber quién fue Napoleón que leer la historia de su vida. Convengamos que también puede incorporarse el saber escuchando o viendo (lo que ahora se denominan técnicas audiovisuales), pero a nosotros nos parece más fiel la lectura.
Es así que, por ejemplo, lo que nosotros escribimos en esta página es un compendio de lo que sabemos del tema (de cada tema que tratamos), y aún cuando se trate de una opinión personal, generalmente estará basada, más o menos textualmente, en ideas que otros han expuesto antes y que nosotros hemos adoptado, incorporado, adecuado, presuntamente mejorado, ambientado, etc.
La cuestión es a veces determinar cuánto tiempo antes de escribir uno ha leído lo que constituye la base del texto y por ende del pensamiento del autor. En ocasiones recordará haberse formado opinión acerca de algo con textos en los que abrevó en la adolescencia, en nuestro caso influenciado por la muy nutrida biblioteca familiar y por la avidez lectora paterna. También podrá reconocer la impronta de la formación profesional, que es bastante específica en lo humanístico y que encuentra referencias en las cuales identificarse cuando se trata de las temáticas cotidianas que a todos nos interesan.
Pero en lo que hace al desarrollo de hoy, la fuente directa es un intercambio epistolar con un amigo, interesado como el que más en la divulgación de la verdad histórica y la lucha contra la deformación que de ella se suele hacer con mezquinos intereses que por lo general tienen que ver mucho con lo personal y con lo político partidario y poco con las reivindicaciones sociales y populares.
Nuestro amigo Enrique, a quién solemos citar con frecuencia porque pone una cuota invalorable de sapiencia a sus comentarios, nos hacía ver, en estricta referencia al asesinato en Buenos Aires durante el Proceso, del senador uruguayo Don Zelmar Michelini, que éste debió huir de su país ante la implantación de una dictadura fascista tipo la de Francisco Franco en España (¡hoy perdonada por el PSOE, tener en cuenta!), cuando aquí todavía gobernaba el Partido Justicialista, y la presidente de la República Argentina era la dirigente peronista María Estela Martínez de Perón. Pero meses antes del golpe militar de 1976, a pedido del Ejecutivo uruguayo, Argentina le quitó el pasaporte y otros documentos, invalidándolo para salir del país.
A ese respecto, en un reportaje publicado el pasado domingo en el diario Perfil de Buenos Aires, la hermana de Michelini dice textualmente: "Pero aquí lo terrible es que el gobierno del Partido Justicialista de aquella época, por orden de la tiranía del Uruguay lo dejó, en los hechos, encerrado a Michelini en el territorio argentino, para que semanas después del golpe lo cazaran como a un perro y lo asesinaran. Isabelita, como apodaban a la presidente, era peronista, ella mandaba, ella dejó que Michelini quedara a mano de sus asesinos".
En nuestra ciudad se está trabajando en un proyecto, ya en los últimos detalles, de emplazamiento de un monumento a tres víctimas locales de la última dictadura, a los que mal se denomina en este caso, genéricamente, desaparecidos. En la nota que publicáramos la semana pasada se hace referencia a un "plan siniestro" del cual, premeditadamente o por ignorancia, se omite que comenzó en ese mismo gobierno constitucional antes citado.
Entonces, y más allá de que compartamos o no la prioridad de ese tipo de homenajes en un pueblo que debe todavía muchos a tantos, bueno sería que, tal como reclamábamos en el tema del ferrocarril, se asuman de una vez las culpas. Como dijo Miguel Bonasso, de quién no se puede decir que sea gorila: "debemos hacernos cargo de López Rega y de sus crímenes, ya que fue ministro de dos gobiernos peronistas". Entonces sería bueno que se dejaran de hablar al cuete (Enrique usa otra palabra) sobre la ahora encendida defensa de los derechos humanos, cuando querían perdonarlo a Videla, a Massera (sobre todo a Massera), a Agosti, a Camps, a todos los asesinos....pues fue el Partido justicialista el que se negó a integrar la Conadep. Ítalo Lúder reconoció que quería perdonar a los "milicos asesinos", los mismos que después otro presidente peronista, Carlos Saúl Menem, indultó.
Y además, aun cuando algunos pretenden "hacerse los burros", estuvieron de acuerdo, de manera hipócrita, con las leyes de obediencia debida y punto final. Y que no se hagan los idiotas, que el pueblo no lo es. El peronismo tenía en ese momento mayoría en el senado e hizo retirar a un montón de senadores para que esas leyes salieran, sin que ellos aparentemente tuvieran nada que ver. Pero está la Historia, la verdadera, para demostrarlo.
¡Y ojo que estaba bien derogarlas, pues fueron arrancadas a punta de pistola!
Porque mal que les pese a la pareja presidencial y a varios chupamedias que le hacen el coro, (entre ellos nombramos como paradigma de la genuflexión a la Dra. María José Lubertino, Presidenta del Inadi) si no hubiese sido por Alfonsín y la UCR, los militares culpables del genocidio, los poderosos de otrora, estarían tomando café, y sueltos por las playas, como están otros varios que deberían seguir la misma suerte, si la ley fuera pareja.
No es casualidad, señores, que en varios pueblos (conoce tu aldea y conocerás el mundo) tengan todavía los retratos de los intendentes "enchufados" por esos genocidas. ¡Que los saquen cualquiera que sea el signo!, así como que se haga público quiénes colaboraron con esos gobiernos de facto, también cualquiera que sea el signo. Y acá no importa si gobernaron bien o mal, o, como nos dijo una vez un amigo respecto a un familiar suyo que caía en la volteada, "si no fuera por él no se hacían las cloacas". El tema es que nadie los había votado. ¡¿Vaya nimiedad, no?!
Ahora es muy fácil sacar una copia del cuadro de Videla del Colegio Militar. Valentía no es, como tampoco es valentía ponerlo a Rico o a Patti como diputado, ministro o intendente. Como reza el título: las cosas por su nombre.
Si nos quedáramos callados estaríamos aceptando que ellos son los que inventaron los Derechos Humanos. Cualquier día van a decir que no fue Edison el creador de la lámpara incandescente sino De Vido, y que la imprenta no la creó Gutemberg, sino el precandidato a Premio Nobel de la Paz, Profesor Luis D'Elia.
No se puede hacer con la Historia lo mismo que hacía Stalin: ir modificándola a medida que sus enemigos eran degradados de grandes héroes a nada (acá también otra es la palabra). A algunos, luego, les quitaban el olor y los reascendían a mariscales. Pero a la mayoría al paredón, como hacía Franco, que no era amigo ni de Balbín, ni de Illia, ni de Alfonsín, precisamente, y sí de alguien que dividía con ese metro la justicia y la "ni justicia".
Esto debería servir para que se termine esa cohorte de imbéciles ignorantes que aplaude todo lo que el matrimonio dice.
Si es por creerse las mentiras, en los EEUU hay un grupo de personas que sostiene, todavía, que la tierra es plana.
Nota del editor: Esta página no hubiese podido ser escrita sin el aporte desinteresado, y si fuera por él anónimo, de Enrique Pereira, amigo e inteligente. Las dos cosas juntas.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso