sábado, 20 de octubre de 2007

El encuentro de dos mundos


Por Hipólito Solari Yrigoyen

Tal vez a falta de poder exhibir logros más serios o tal vez por el impulso de un inocultable afán de figuración, la actual dirección política del Inadi ha querido disfrazar de importante un proyecto intrascendente, al proponer cambiar el nombre del Día de la Raza.


Un decreto del presidente Hipólito Yrigoyen del 4 de octubre de 1917 declaró el 12 de octubre feriado nacional, por lo que logró la adhesión de casi todas las naciones de la región, incluido Estados Unidos. Si bien la sanción implicó un homenaje a España, se destacó que la fecha “abrió insospechados horizontes al espíritu”, como la herencia de la lengua que hablamos. Los españoles, por su parte, decidieron honrar esta decisión argentina con un monumento que se erigió en el Parque del Retiro de Madrid, en recuerdo del estadista argentino y del mencionado decreto de su autoría, en el que, curiosamente, ni en sus considerandos ni en su parte dispositiva se bautizó al feriado Día de la Raza. Al parecer, fue la costumbre la que consagró la denominación.

La llegada de los españoles a América con la expedición de Cristóbal Colón, un 12 de octubre, fue un hecho trascendente para la humanidad, que marcó el encuentro de dos mundos que hasta ese momento se ignoraban, de civilizaciones de diferentes orígenes y el inicio de una historia común que perdura. En otros países se llama a la fecha Día de la Hispanidad, que tiene un sentido de reconocimiento, pero más restringido que la denominación que se propone abandonar.

Por ignorancia del tema y hasta de nuestro idioma, la iniciativa del cambio de nombre se ensaña con el término “raza”, desconociendo que tiene varias acepciones y que la primera de ellas es la raza humana y la expresión del linaje. Como tal, el significado del Día de la Raza es una recordación que incluye a todo el pueblo argentino y a sus hermanos de América, y a todos los descendientes, tanto de los habitantes primigenios como de las más diversas nacionalidades y etnias que fueron poblando el país y el continente desde otras partes del mundo.

Es cierto que, cuando se habla en plural de razas humanas, esta acepción del vocablo incluye las diferentes familias que integran la humanidad según el color de la piel, pero no existe ningún fundamento que autorice a invocar que el Día de la Raza que se recuerda en la Argentina exalte a alguna de estas etnias en desmedro de otras, sino que las incluye a todas como integrantes de la raza humana. La denominación lleva implícita, por lo tanto, un reconocimiento de nuestro pluralismo étnico y cultural.

Cuando la dirección del Inadi invoca la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial para proponer el cambio de nombre, confunde en forma burda “raza” con “racismo”. “Raza” no es una mala palabra; la que sí lo es y se debe condenar y combatir en todas sus formas para lograr erradicarla es la discriminación racial. La raza humana es una realidad que integramos todos, mientras que el racismo es una actitud deleznable de exacerbación de un determinado grupo étnico o de enfrentamiento de diferentes grupos de esas características en una sociedad. La citada Convención, que entró en vigor en 1969, destaca la necesidad “de promover el entendimiento entre las razas y edificar una comunidad internacional libre de todas las formas de segregación y discriminación raciales”.

Conforme al Plan Nacional contra la Discriminación, “el 12 de octubre debe ser un día de reflexión histórica y de diálogo intercultural”, y esto no se logra enfrentando a las diversas etnias y culturas de nuestros pueblos ni difundiendo ni fomentando prejuicios, como hace el proyecto, incurriendo en una inaceptable actitud racista. Llamando a las cosas por su nombre, intentar oponer o enfrentar a nuestros nobles pueblos indígenas con los españoles o con los inmigrantes de otras nacionalidades que llegaron a la Argentina es hacer racismo. Es, precisamente, lo contrario de la significación del Día de la Raza, una fecha de unión y de recordación para todos los que habitan el país, cualquiera que fuere el origen de sus ancestros.

Es de esperar que la actual dirección del Inadi abandone estas peligrosas parodias que parecen fundadas en objetivos políticos de corto alcance, que se oponen al mandato de la ley que le ha dado origen al organismo y que dedique sus esfuerzos a atacar en serio el racismo y todas las formas de discriminación y xenofobia.

El autor fue senador nacional y preside la ONG Nuevos Derechos del Hombre.

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