domingo, 7 de septiembre de 2008

"LO QUE CUESTA SER UN GIL ATOMICO"

La empresa rionegrina Investigaciones Aplicadas S.E (INVAP), radicada en San Carlos de Bariloche va camino a convertirse en la vedette del mercado argentino de alta tecnología, no solo por su excelencia, sino por la construcción estratégica de reactores nucleares destinados a fabricar radioisotopos farmacologicos, que la han ubicado en los primeros planos de la preferencia mundial.
Asi lo destaca un artículo escrito por el periodista especializado Daniel E.Arias para el diario nacional “Crítica”, que dirige el periodista Jorge Lanata, en el que bajo el título de “Lo que cuesta ser un gil atómico”, ofrece un crítico panorama del “negocio nuclear” en el país y destaca el prestigio obtenido por la empresa rionegrina, aconsejando apostar más a su desarrollo internacional.
La nota, desarrolla un diagnóstico de la situación nuclear del país destacando que “por no ponerle decisión y plata para hacer su propia central nuclear, el CAREM, la Argentina perdió en los 90 –y se expone a perder nuevamente en esta década– el mayor negocio de alta tecnología de su historia. Las crisis son oportunidades, siempre que se sepa adónde está el piloto. ¿Alguien lo vio? Con un déficit eléctrico de unos 4.000 megavatios en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), el Ministerio de Planeamiento redescubrió en 2004 la energía atómica” “El redescubrimiento se limita a tratar –con angustia– de terminar Atucha II antes de 2010, de pensar en la importación “llave en mano” de dos centrales canadienses medianas, de volver a hablar (es gratis) de una colaboración nuclear con Brasil, e incluso, y éste es el tema de la nota, el Gobierno se acordó del proyecto CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares), una planta nuclear muy pequeña, cuyas piezas se pueden fabricar en serie. Puede ser relativamente útil para salir de apurones eléctricos, pero mucho más para exportarla por decenas y reorganizar ese viejo y casi olvidado fenómeno científico, tecnológico, industrial y social que fue el Programa Nuclear Argentino. Acordarse de que existe este proyecto es una cosa. Declarar adónde, cuándo, con qué potencia y con qué plata se va a hacer, otra” “Critica” explica las características de la Central Argentina de Elementos Modulares, destacando que “el CAREM, además de ahorrarnos algunos apagones invernales o estivales, es la única usina núcleoelectrica de diseño puramente local. Puede venir en tres tamaños: mini (25 megavatios, como para iluminar una ciudad de 100 mil habitantes), mediana (150 megavatios) y familiar-chica (300 megavatios). Potencialmente, hace décadas que éste es el producto de alta tecnología criolla más vendible de nuestra breve historia industrial. Pero con la disparada actual del precio mundial de la energía y la crisis climática, puede ser un caballo ganador. Tras reseñar que la mayoría de los gobernantes argentinos ignoraron “olímpicamente” a la energía nuclear, para la que no dispusieron de fondos necesarios para su desarrollo (lo que motivo la pérdida de contratos internacionales), el diario de Lanata señala que “entre presidentes desinformados (guau, nunca va a haber sequías como la del 87 o la actual, ni faltará jamás agua en los embalses hidroeléctricos, y tenemos gas de sobra), presidentes teledirigidos, presidentes catatónicos y presidentes que no entienden el negocio tecnológico y creen que la energía nuclear es sólo un enchufe, mientras la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no diga “se hace” y el Parlamento apruebe, este proyecto estará en peligro de morir en el huevo. Eso, pese a que ya acumuló más de 30 palos verdes en diseño y rediseño, y los principales componentes (los elementos combustibles y el núcleo) fueron testeados y aprobados con prototipos físicos en un reactor, el RA-8, construido ad hoc en Pilcaniyeu, Río Negro. Es más, el CAREM cuenta con una ley nacional aprobada por el Congreso de la Nación en tiempos de De la Rúa para financiar su construcción. ¿Algún diputado o senador se acuerda? Era una pregunta, nomás” En relación directa a INVAP la nota periodística, editada el 4 de setiembre señala que “hoy por hoy, lo único que pueden comprar los países del hemisferio Norte son centrales de gran tamaño y complejidad, diseñadas para economías ricas con buenas redes eléctricas y mucha industria propia. Nadie te vende nada que tenga menos de 300 megavatios, salvo la Argentina... hasta que nos copien. Y está sucediendo. La Westinghouse en Estados Unidos y la KAERI en Corea del Sur están haciendo sus propios diseños “CAREM-like”, como los llaman. Con casi tres décadas de diseños y rediseños, en materia de ingeniería conceptual el CAREM está todo casi hecho: falta construirlo. Y en marketing no hay mucho que inventar. Cuando la CNEA de los 70, una institución entonces respetada y poderosa, hizo que INVAP le construyera el reactorcito experimental RA-6 en Bariloche, y éste mostró que funciona chiche-bombón, el país empezó a exportar plantas de este tipo, pero cada vez más potentes y complejas: dos a Perú, otra a Argelia, luego otra más a Egipto, finalmente la de Australia, y hoy INVAP quedó sola contra otros dos competidores (a los que antes supo derrotar) por otra unidad en Holanda. Egipto y Australia significaron 200 palos verdes cada uno. Holanda, tal vez, mucho más. Los reactores experimentales vendidos por la Argentina no producen electricidad, sino que sirven para fabricar radioisótopos farmacológicos y formar ingenieros, físicos y químicos nucleares. Son un mercado minúsculo (apenas 60 unidades en todo el mundo), cuando se lo compara con el de las unidades nucleoeléctricas (440, y 100 más en construcción, pedidas y planeadas, y todas mucho más caras que los reactores de investigación). La nota concluye con una recomendación a los gobernantes de apostar por el INVAP. “Si ya somos el number one mundial en reactores (algo que casi todo argentino ignora), ofrecer una central de potencia sería equivalente a ingresar como jugador chico, pero “a la primera división”: hay más plata y prestigio en juego. Y cosas más importantes que la plata y el prestigio: el CAREM es el único proyecto integrativo, que puede reagrupar a los ya canosos cuadros de la CNEA, abrirles la puerta masivamente a ingenieros y físicos nucleares jóvenes que de otro modo emigrarán, y evitar así la pérdida por jubilación y falta de planes de la que fue la institución tecnológica más completa, compleja y brillante del país. Si la decisión sobre el CAREM se tomara hoy y se le diera la construcción a INVAP, lo tendríamos “en vidriera” y funcionando dentro de unos cinco o seis años. Y podríamos decirle al mundo: “Nuestros operadores están esperando su llamada”.
Fuente: http://www.adnrionegro.com.ar/