lunes, 30 de marzo de 2009

Kafka y Einstein

Por Mario Arcusin
- Editorial del 27 de marzo de 2009 del Semanario "Crónica" de Basavilbaso

Franz Kafka fue un escritor checo que murió en 1924, autor entre otras novelas de una titulada El Proceso (¿va entendiendo el lector, entonces, el porqué de una de las partes del título?). En su obra, a menudo el protagonista se enfrenta a un mundo complejo, que se basa en reglas desconocidas, las cuales nunca llega a comprender. El adjetivo kafkiano se utiliza precisamente, a partir de ahí, para describir situaciones similares.
Albert Einstein fue un científico alemán, probablemente el más conocido del siglo 20, y la referencia que hoy hacemos de él tiene que ver con su teoría de la relatividad (nada es absoluto) y, también, con sus posturas políticas, ya que expresa y literalmente, sentía desprecio por la violencia, la bravuconería, la agresión y la injusticia.
Luego de esta necesaria introducción debemos decir que nos alientan dos contradictorios propósitos al escribir esta página, como consecuencia directa de la conmemoración el martes pasado de un nuevo aniversario del golpe de estado de 1976, y del comienzo de lo que se ha dado en llamar la "Semana de la Memoria".
Y esa contradicción se nos da, justamente, por el entrecruzamiento de situaciones kafkianas con pensamientos absolutistas, no precisamente de nuestra parte, sino de muchos de los que pretenden crear desde ese tema un nuevo dogma.
Hace unos días, en una entrevista radial, hacíamos referencia a un dato histórico, que pese a su carácter de indiscutible, fue objeto de críticas subjetivas de las que no nos hicimos eco en su momento porque no las escuchamos. Concretamente, y ante la mención de que se trataba de un monumento a los desaparecidos, solo hicimos notar que uno de los convecinos recordados no sólo no entraba en esa definición, ya que había muerto en un copamiento programado a un regimiento militar, sino que, además, su muerte había ocurrido en 1975, o sea, señores, en pleno gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón.
Si no queremos que esto transite por los carriles del absurdo, y siendo que todos pedimos memoria, no hubiese estado de más que en los discursos (algunos muy ideológicos) pronunciados el 24, por lo menos en los que estuvieron a cargo de funcionarios políticos, se hiciera mención de ese hecho, por otra parte incontrastable.
Estaba presente en la plazoleta en la que se erigió el monumento el Dr. Julio César Aldaz, que aunque no habló en esta oportunidad, ha sido uno de los que más ha bregado en la provincia por adjudicar las culpas de los hechos del 21 de diciembre de 2001, y las muertes ocurridas ese día, al gobierno del Dr. Montiel y al radicalismo todo.
Debería, entonces, haber recurrido a la honestidad política para aceptar que, una vez que se explica que cuando se mezcla tierra con agua sale barro, se debe decir que eso es siempre así. Y que si se asiste a un acto en el que se dice que Luly Kobrinsky murió como consecuencia "de los acontecimientos de la historia que hoy se recuerdan y que no queremos que se repitan, y tenemos la indelegable tarea de transmitir a las jóvenes generaciones las vivencias de aquellos años, contarles la historia real, brindarles nuestra interpretación libertaria de los hechos e instarlos a profundizar en nuestra sociedad los valores sustantivos en su plenitud, por lo que 30.000 jóvenes y mayores de distintas ideologías, condición social, credos religiosos y actividad habitual dieron su vida" (esta transcripción es textual y corresponde a las palabras de la Sra. Presidente Municipal, Blanca Azucena Rossi), debemos exigir que se corrijan los errores y se unifiquen los criterios (esta última parte ya es nuestra).
Y que no nos vengan a nosotros ahora con que estamos defendiendo la "teoría de los dos demonios" ni con que somos "gorilas". La teoría de los dos demonios la están defendiendo, ¿inconcientemente?, aquellos que ocultan la verdad y que no le cuentan, a esos alumnos cuya formación tanto les preocupa (al punto de menospreciar, mientras hablan de derechos humanos, el derecho constitucional de huelga), que la represión comenzó antes del 24 de marzo de 1976.
Porque sostener que "el terrorismo de estado comienza el 24 de marzo de 1976", es faltar a la verdad. ¡Y hay quienes intentan instalar esa "verdad"!. Sin embargo es un hecho cierto que el terrorismo de estado no se implanta y desarrolla a partir de que Videla, la junta de comandantes y el partido militar, asumen formalmente el poder. Adquiere sí una dimensión a escala mayúscula, pero durante el período que gobernó el peronismo que lo precedió ya fue intensamente utilizado.
Ello es innegable, salvo que quien lo niegue sea farsante. Se puede alegar, según la posición ideológica que se detente o los intereses que se defiendan, que el gobierno y el justicialismo eran impotentes para frenarlo porque no manejaban el poder pero deploraban la utilización de tal metodología, o desde una posición contrapuesta se podría sostener que ese gobierno decidió su utilización como método de acción política. Estas y otras interpretaciones son posibles acorde con la ideología de quien las formule. Lo que no se puede decir es que no sucedió lo que sucedió. Y, por ejemplo, hay que decir que enero de 1976 fue el mes en que más desapariciones hubo.
Cuando las Fuerzas Armadas asaltan el poder borrando cualquier vestigio de democracia, ya los muertos y desaparecidos se contaban por miles, en una responsabilidad compartida por los militares y el gobierno peronista. Luego durante el Proceso de Reorganización Nacional, se consolidaría el terrorismo de estado y se multiplicaría varias veces la macabra lista.
Al cabo de estos años algunos han hecho su "autocrítica", pero no tenemos conocimiento de que el Movimiento Nacional Justicialista haya pedido disculpas al Pueblo Argentino o mostrado arrepentimiento, al menos en la palabra de sus máximos dirigentes, por la cuota de responsabilidad que les cabe. Es verdad que miles de peronistas fueron víctimas. Pero eso no exime al movimiento de responsabilidades, puesto que hubo peronistas que fueron victimarios. Quizás el peor fue López Rega, pero no el único. Han intentado "deslopezregaisarse", como si éste siniestro personaje fuera el causante único de "todo lo malo" y además presentarlo como un cuerpo extraño al peronismo. La hipótesis de López Rega como sujeto oscuro, corrupto, raro, "brujo" y ajeno al peronismo es falsa. López Rega no llega de afuera al peronismo, es constitutivo, esencial al peronismo de ese tramo de la historia. Si no hubiera existido López Rega, a las Tres A las organizaba otro. Y la cacería contra la izquierda peronista y no peronista, se hubiera dado de todos modos. López Rega articula a toda la derecha argentina, la peronista, no peronista y la militar. Representa el primer ensayo general del trágico paradigma de la época: la represión ilegal desde el Estado, luego aumentada y generalizada a partir del golpe.
Martín Caparrós, periodista que no niega su condición de Montonero (no tendría, por otra parte, por qué negarla) se "enoja" con Kirchner, porque dice que este gobierno "pelea por realizar los sueños de aquellos militantes", cuando esos sueños, lo que según Caparrós está muy claro, eran otros. En esa falsificación, dice, (tenemos el artículo con sus declaraciones) Kirchner afirma que "los guerrilleros del 70 están hoy en el poder", sin ver que, si acaso, los que están alrededor del gobierno son personas que estuvieron alrededor de esa guerrilla en los setenta y que cambiaron, como todo cambió, tanto en los treinta últimos años que ya no tienen nada que ver con todo aquello, salvo para usarlo como figura retórica.
Pero la sociedad argentina se armó un relato según el cual todos estaban en contra de los militares o, por lo menos, no tenían ni idea. Es cierto que no podían haber imaginado que esa violencia era tan bruta, pero había que ser muy esforzado o muy boludo para no darse cuenta de que, más allá de detalles espantosos, las fuerzas armadas estaban reprimiendo con todo.
Para inaugurar el monumento que se inauguró, una parte de la sociedad argentina (y basavilbasense) se ha inventado un pasado muy limpio en el que unos pocos "megaperversosasesinos" hicieron a espaldas de todos lo que ellos jamás habrían permitido, y ese les resulta mucho más cómodo.
Como les resulta mucho más cómodo, ahora, indignarse que pensar a quién apoyaron, en qué los benefició la violencia de los represores, y lo fácil que les resultó, muchos años después, asombrarse e impresionarse.
La maldad, como dice Emmanuel Lévinas, filósofo contemporáneo que dedicó su vida al pensamiento ético, consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos, el decir una cosa y hacer otra, el apoyar la muerte de los hijos de los otros y levantar el "No matarás" cuando se trata de nuestros propios hijos.