jueves, 7 de mayo de 2009

"Tenemos que recuperar la dimensión moral de la política"

Textual: Discurso de Ricardo Alfonsín en la Convención Nacional de la UCR en Mar del Plata

“Señor Presidente de la H. Convención Nacional de la Unión Cívica Radical, Hipólito Solari Yrigoyen; señores Convencionales, Presidente del Comité Nacional, Gerardo Morales, Presidente del Comité de la provincia de Buenos Aires, Daniel Salvador; Presidente del partido Socialista Rubén Giustiniani, “Lilita” Elisa Carrió; Rodolfo Rodil, presidente del Encuentro Popular. Muchísimas gracias a la Convención y a la Mesa de la Convención, por permitirnos dirigirnos a ustedes ante el cuerpo más importante que tiene la Orgánica de la Unión Cívica Radical. Muchísimas gracias a Lilita, a Rodolfo y a Rubén por estar presentes en esta ocasión, acompañando la Convención Nacional que ha tomado resoluciones trascendentes e importantes, no sólo para la Unión Cívica Radical, sino para el conjunto del país.
Quiero ser franco con ustedes: había escrito algunas hojas para compartir con ustedes, algunas ideas, algunos pensamientos vinculados a las actuales circunstancias partidarias y nacionales. Pero este fervor, el tono afectuoso y enfervorizado de la Asamblea, me hizo cambiar de idea. Tenemos que conversar acerca de algunas cosas importantes.
Siempre hemos tenido la convicción, los radicales, que la diferencia sería negativa, si la Unión Cívica Radical se transformaba en un actor ingrávido en el escenario político nacional. Estábamos absolutamente convencidos de la necesidad de hacer un esfuerzo extraordinario para recuperar “la confianza de la sociedad”; “conectar de nuevo al partido con las grandes mayorías”;” recuperar la vocación de poder, sin perder la vocación transformadora” (Aplausos).
Y hoy, estamos viviendo momentos propicios para los que hemos hecho este esfuerzo. Desde hace algún tiempo, más de un año, superadas las situaciones límite, en términos económicos y sociales que tuvimos que vivir después de 2001, a medida que se registraba una mejoría económica que la sociedad alcanzaba a advertir, la misma sociedad elevaba el nivel de exigencia. Reclamaba de sus gobernantes: “respeto a las instituciones”, “reclamaba el diálogo”, “la búsqueda del consenso: respeto entre oficialismo y oposición”, “reclamaba terminar con la crispación, con la confrontación”. Estábamos hartos, de que nos pontifiquen, nos reten y nos agravien desde el atril. (Aplausos).
Estos valores están íntimamente asociados a la historia y a la doctrina del partido. (Y perdonen los amigos, que haga una referencia al Partido, pero estamos en la Convención...)
Y empezó a posar su mirada en demanda de estos valores, en la oposición y en particular, en el radicalismo. Porque, como les decía, está íntimamente vinculado a estos valores, su historia y su doctrina. Luego vino el conflicto del campo que profundizó, más todavía, este proceso. Ya la sociedad tenía la certeza de que las cuestiones republicanas, el respeto al federalismo y a las instituciones; el diálogo y el consenso, no eran cuestiones que sólo les interesaba a los sociólogos y a los politólogos o a los filósofos del derecho o de la política. Que se trataba de cuestiones que estaban íntimamente vinculadas a la posibilidad del desarrollo y del crecimiento nacional. Y cuando el gobierno parecía que gritaba de manera permanente: ¡Ha muerto Montesquieu! Los argentinos les decíamos: ¡Viva la República!, ¡Viva el federalismo! ¡Viva la independencia de los poderes! (Aplausos)
No se pude construir un proyecto conjunto que nos incluya a todos, no se puede demandar el esfuerzo colectivo si no recuperamos la confianza de la sociedad en sus instituciones que han sido dañadas durante los últimos años.
Ahora esta nueva iniciativa a la que aludía Rubén (Giustiniani) Las candidaturas testimoniales: no están prohibidas por la ley, probablemente porque al legislador jamás se lo ocurrió que pudieran tomarse decisiones de esta naturaleza. No están prohibidas por la ley. Pero hay que cosas que la ley no nos prohíbe y sin embargo no debemos hacer. “La ley no nos prohíbe ser oportunistas; la ley no nos prohíbe ser demagogos; la ley no nos prohíbe ser interesados” “La ley no nos prohíbe tratar con irresponsabilidad en el manejo de las instituciones, es cierto” ¡Pero sí lo prohíbe el radicalismo desde su concepción moral! (Aplausos y cánticos encendidos: “Al-fon-sín”)
Los radicales sabemos que no es a partir de conductas como éstas, cómo vamos a reivindicar y recuperar la dignidad de la política.
Espero que la sociedad advierta, ya que ha comprendido la relación que existe entre las instituciones, el diálogo, el consenso, el respeto y su calidad de vida. Espero que advierta y sancione el 28 de junio a quienes son capaces de aceptar semejante propuesta indecente e inescrupulosa, desde el punto de vista institucional y republicano, que vulnera y altera el concepto de la genuina representación política.
Nos mira la sociedad otra vez, a nosotros y al frente, desde luego, porque tenemos además, en este sentido, historias comunes. Como decía Lilita: “nos mira la sociedad, reclama de nosotros que actuemos con seriedad y responsabilidad”. Nos está observando. Está observando a toda la oposición y a nosotros, en particular.
Hay que decir una cosa, en términos electorales, existirán en la provincia 3 alternativas; pero, en términos de visiones, de ideas y de concepciones sólo hay dos alternativas. El kirchnerismo y el peronismo disidente no son sino dos expresiones del justicialismo. Debe quedar claro, esto también en la sociedad. Y lo digo con respeto: No pueden resolver sus problemas internos en elecciones internas y los trasladan a las elecciones generales. Pero luego de las elecciones generales, como ha ocurrido en el `87, `03 y ´05 volverán a reunirse. Y si surge un nuevo liderazgo en el seno del partido, no tengan ninguna duda, hasta el propio Kirchner dejará de ser Kirchnerista. Son, en definitiva, dos versiones del Justicialismo. Los respetamos. Tal vez, el hecho de que se reúnan después, obedece a la convicción de que es lo mejor. Pero no podemos dejar de advertir a la sociedad, en el caso de la provincia de Buenos Aires, que son en definitiva los mismos, aunque vayan con otros números en las listas o con otros nombres, de los hombres y mujeres del justicialismo que han tenido la responsabilidad de conducir la provincia de Buenos Aires durante veintidós años.
Y ya es tiempo que la sociedad de Buenos Aires y que sus ciudadanos se den una oportunidad así mismos, para empezar a cambiar la frustración en la provincia y voten a los hombres y mujeres que van a competir desde la construcción de este frente, que hoy estamos sellando aquí, en la Convención Nacional. En definitiva, la sociedad reclama República; la sociedad reclama diálogo y consenso. Y sabe que somos el partido del IMPERIO DE LA LEY, del ESTADO DE DERECHO, EL PARTIDO DE LA DEMOCRACIA. Y nos va a acompañar si actuamos con seriedad.
LA IDENTIDAD DE LA UNIÓN CÍVICA RADICAL
Pero no sólo esto es la Unión Cívica Radical. Es mucho más que eso, el Partido. Si me permiten, me gustaría hacer algunas consideraciones, acerca de la identidad de la Unión Cívica Radical.
Hay algunos que dicen, quizás el pensador más popular en este sentido haya sido Maquiavelo, que existe una tensión singular, particular, entre “ética y política”. Una tensión entre, el “ser y el deber ser” que se expresa de manera particular en la política. Hay otros, que de otra manera dicen lo mismo; hay quienes afirman que política y ética son dos dimensiones autónomas, que nada tienen que ver entre sí. Son los mismos que creen que la política se define como la actividad que está orientada a buscar, adquirir y conservar el poder. Y si existe contradicción entre la política así entendida y las obligaciones morales, se deben sacrificar las obligaciones morales. ¡Esta no es la concepción del Partido!, ¡Esta no es la concepción de la Política! Nosotros afirmamos que la política sin moral, es basura; que la política sin moral, es poder bruto; no es política, en definitiva.
La Unión Cívica Radical, es antes que una concepción ideológica, una concepción moral. Es un conjunto de ideas, de principios, de pensamientos, de creencias de naturaleza moral. La Unión Cívica Radical es, en definitiva, la herramienta política con la que cuentan los argentinos para la realización de la ética en la sociedad. Y cuando hablamos de ética, los radicales no nos referimos, solamente, a la necesidad o al deber o a la obligación de administrar con honestidad los recursos del Estado: ¡eso es fácil para cualquier bien nacido, no solamente para un radical! Cuando hablamos de ética, nos referimos a algo mucho más profundo y mucho más difícil. Cuando hablamos de ética, nos referimos a la necesidad de organizar los aspectos centrales de la sociedad. Aquellos que determinan la calidad de vida, de manera que cada uno de los miembros de la sociedad pueda vivir con dignidad.
Algunos, para mí populistas y demagogos, afirman que la política debe garantizar la felicidad. Desde mi punto de vista no es así. La felicidad es un asunto personal, que cada uno debe procurar allí donde crea encontrarla. Pero hecha esta aclaración debo decir, que es imposible ser feliz sin dignidad. Y esta sí es responsabilidad de la Política. Este sí es un deber moral de la política, luchar por la dignidad del hombre. Y no se puede vivir dignamente sin vivienda, no se puede vivir dignamente sin educación, no se puede vivir dignamente sin salud, no se puede vivir dignamente sin trabajo. Este es el objetivo moral que procura realizar la Unión Cívica Radical. (Aplausos)
Yo sé, no soy un ingenuo ni un moralista; que es difícil la tarea y que hay que enfrentar intereses poderosos para cambiar organizaciones sociales tan injustas. Doce millones de pobres viven en Argentina. La tercera parte de los argentinos, viven por debajo de la línea de la pobreza o de la indigencia. Y esto no es producto de designios divinos, ni de catástrofes naturales, ni producto de elecciones personales. Este es el resultado de una organización social esencialmente injusta. No digo que la sociedad esté organizada de manera deliberada para producir estas injusticias; digo que está organizada de manera tal, que no puede dejar de generar injusticia.
Y nuestra obligación es cambiar esta sociedad. Esta sociedad es producto del hombre. Somos los propios hombres los que hemos construido esta sociedad. Y la política, en tanto tarea que se encarga de organizar la sociedad, es susceptible de ser enjuiciada moralmente. Y la verdad, es que repugnan los resultados morales de esta organización social. La sociedad puede y debe ser cambiada. El capitalismo puede y debe ser cambiado; el capitalismo necesita su Perestroika, también para poder resolver los problemas de los que más sufren. (Aplausos)
Yo sé que es difícil, les decía, no soy un inocente ni un moralista, como decía Don Arturo: “es difícil ser radical, pero vale la pena serlo”. Y si no fuera difícil, la facilidad de nuestras aspiraciones, les aseguro, estarían hablando de la intrascendencia de las mismas. Precisamente, porque son importantes, porque son trascendentes, son difíciles. Llevan tiempo, la construcción de una sociedad de esta naturaleza. No hay que ser demagogo, hay que ser responsable. Hay que tener conciencia de que la política, es en definitiva, relación de fuerzas. Hay que actuar con mucha seriedad e ir generando las condiciones necesarias para que podamos avanzar en el progreso y en el bienestar de la sociedad.
La dificultad de la lucha que tenemos que enfrentar, los obstáculos que tendremos que enfrentar, no pueden ser excusa para que nos resignemos; para que actuemos como si nada se pudiera cambiar, como sometidos a la tiranía de lo que hay. Si en el pasado, nuestros antecesores hubieran actuado de esa manera, no gozaríamos hoy, ni del derecho a elegir ni ser elegido, ni de la educación pública, ni de la protección de las leyes laborales, ni de la igualdad de los géneros, ni de la jubilación, ni de la prohibición del trabajo infantil, ni de la salud pública. Hoy gobierna en los Estados Unidos un hombre de color. Si quienes tuvieron que enfrentar aquellas luchas, allá en los sesenta, hubieran renunciado a los esfuerzos, por las dificultades que el esfuerzo representaba en términos de la materialización de los resultados, hubiera sido inútil la muerte de Martin Luther King y de otros muchos otros héroes de la lucha por los derechos civiles y políticos.
No tenemos derecho a defraudar a quienes antes que nosotros dieron sus vidas, sus libertades y se han sacrificado, a veces con sacrificios supremos para que nosotros gocemos de las conquistas que hoy caracterizan a la civilización actual. Y no tenemos derecho a fallarle al futuro. Tenemos que extender todas estas conquistas, hacerlas universales, porque hay muchos todavía que no gozan ni de la salud, ni de la educación, ni del trabajo y que no pueden ni siquiera elegir, ni ser elegido. Tenemos que extender estas conquistas y cuando las extendamos, vamos por más, porque no se termina nunca el horizonte de la realidad humana. (Aplausos)
Yo sé, reitero, que es difícil. Pero ésta es nuestra razón de ser. No tiene sentido la política, ni el radicalismo, si lo único que proponemos es ganar elecciones para dejar todo como está. Esta es la dimensión moral que queremos que impregne la práctica política en la Argentina. Sólo así podremos recuperar la confianza de la sociedad, volver a ilusionarla. Le falta a la política dimensión moral, nervio moral, tensión moral. Hemos caído en el agujero negro del centro. Celebraban muchos y estaba bien, el fin de los viejos relatos, de las antiguas ideologías, de la explicación y de la filosofía de la historia, porque atribuían a estos viejos relatos la responsabilidad por tanta masacre que se cometió en la historia de la humanidad; pero no advertíamos, que al mismo tiempo, se estaba impregnando la sociedad de individualismo, de interés, de consumismo, de egoísmo y de materialismo que se relativizaban los valores que habían sido capaces de motivar las energías nacionales y la UCR debe, precisamente, recuperar esa dimensión moral. Recuperar la capacidad de transformación y de lucha y esta dimensión moral, para llegar a una sociedad más justa, más libre y solidaria. Yo sé que es difícil. La política es lucha pacífica y democrática. Y a veces, amigas y amigos, en la lucha se pierde o se gana, depende de la relación de fuerzas. Lo que no se hace jamás en la lucha, lo que ningún radical hace jamás en la lucha, es abandonar el campo de batalla y sacrificar sus convicciones por razones electorales. (Aplausos)
Amigas y amigos, discúlpenme. Ya hablaremos de los Programas, ya hablaremos de las propuestas y de las condiciones políticas que hay que generar para que las propuestas que imaginamos tengan los resultados previstos. Ya tendremos oportunidad de comunicarle a la sociedad detrás de qué horizonte vamos. Ahora es necesario que seamos conscientes que tenemos que recuperar esta dimensión moral de la política para poder despertar, de nuevo, en la sociedad la ilusión, la esperanza y el amor por la transformación social. Esta es la primera responsabilidad que tenemos y si somos capaces de actuar, como lo estamos haciendo en el Frente, no vamos a poner en riesgo, tengan la certeza, la construcción del frente por razones sectoriales o mezquinas; no vamos a poner en riesgo sus chances electorales, hemos aceptado el segundo lugar en la lista de diputados nacionales para facilitar la construcción de este Frente que requiere la Argentina.
Si somos capaces de actuar con grandeza, si somos capaces de actuar con responsabilidad, con sentido patriótico, si somos capaces de renunciar a los proyectos personales, si somos capaces de comprender que no hay nada por encima del interés nacional; la sociedad nos va a comprender. Y el 28 de junio, mayoritariamente, nos va a acompañar y vamos a llenar, entonces, vamos a poblar de ideas y de sentimiento Radicales los Concejos Deliberantes y la Legislatura de la Nación. Muchas gracias.

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