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jueves, 31 de mayo de 2018

IMPOSTURAS ENERGÉTICAS

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Por José Antonio Artusi / El bochornoso espectáculo que brindaron anoche los senadores nacionales peronistas seguramente reconoce muchos antecedentes, pero no será tan fácil encontrar alguno que lo equipare en cuanto a las dosis de cinismo y de hipocresía política que se vertieron allí. Senadores que en teoría representan a sus provincias votaron un proyecto de ley absolutamente irresponsable, que de haberse promulgado habría beneficiado a los sectores de mayor poder adquisitivo de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, en desmedro de la población más pobre de las demás provincias. 
Legisladores peronistas de provincias que tienen buena parte de su población sin gas natural y deben recurrir por lo tanto al gas envasado en garrafas votaron un proyecto de ley que habría demandado una enorme masa de subsidios para que los ricos de Puerto Madero o la Recoleta puedan seguir derrochando gas a precios irrisorios. 
Votaron un proyecto de ley que habría significado volver a instaurar el perverso esquema de atraso tarifario y subsidios económicos indiscriminados, que tuvieron la particularidad de beneficiar en mayor medida a los sectores más ricos de la sociedad, y a concentrarse en el área geográfica más desarrollada del territorio nacional. Subsidios que durante la era kirchnerista llegaron a significar un acumulado de 24 puntos del PBI, más de 150 mil millones de dólares, una cifra difícil de imaginar, un monto que habría sido suficiente para construir más de 3 millones de viviendas sociales. 
Cada 2 pesos de esos subsidios que iban al quintil de mayor poder adquisitivo de la sociedad, sólo 1 iba para el quintil de menor poder adquisitivo, y para los más vulnerables mucho menos, o nada. Y todos los pagábamos con cortes de gas y luz, desinversión en el sector energético, déficit fiscal y alta inflación, o sea el impuesto más regresivo, el que más sufren los sectores con ingresos fijos y de menores ingresos. 
En la Argentina nos hemos acostumbrado a todo, pero no deberíamos naturalizar que este dislate pueda llegar a ser defendido con el ropaje impostor de una pretendida epopeya nacional y popular. Si hay algo que el gobierno nacional y Cambiemos hizo mal fue no comunicar adecuadamente la verdadera magnitud de este problema ante la sociedad desde un inicio. Recurrir a la manera en que algunos periodistas lo hicieron en su momento puede ayudarnos: “Debe haber pocos casos en la historia que registren una situación como lo que sigue: los sectores más pobres de una sociedad se movilizan, militan y ensalzan a organizaciones sociales, ONGS o líderes políticos que pugnan por mantener decisiones de política de ingresos que favorecen a los ricos y perjudican a los pobres…” (Gustavo Bazzan, Clarín, 21/08/16) “El "ruidazo", la Marcha de las Velas y demás protestas de estos días en el distrito metropolitano son observadas con una mezcla de bronca y sorna por nuestros compatriotas provincianos, que siempre pagaron tarifas mucho más altas. El país unitario modelado por el kirchnerismo liberó de esa carga a los habitantes de la gran ciudad y de sus alrededores (algunos de ellos, con hábitats "africanizados" que ese mismo régimen empeoró con su desidia y corrupción). Condonó gastos por igual al que lo necesitaba como para el acomodado habitante de Barrio Norte o San Isidro. Y con el gas, peor aún: los más pobres pagaron mucho más por su garrafa que los que estaban conectados. Un disparate…”. Pablo Sirvén, La Nación, 22/04/18 
Decimos que la actitud de los senadores peronistas - y antes de los diputados que votaron este proyecto demagogico - es hipocrita porque es absolutamente evidente que solo perseguia el objetivo de desgastar al gobierno y hacerle pagar el supuesto costo politico de vetar una ley que todo el mundo sabia que debia ser vetada. Cabe preguntarse qué habrían hecho los gobernadores peronistas que se sumaron al festival populista si el Presidente Macri no vetaba la ley. Una ley que habría significado un altísimo costo fiscal para sus propias administraciones provinciales, en muchos casos desfinanciadas y endeudadas como Entre Ríos, para no decir "fundida". Seguramente habrían concurrido en procesión a la Casa Rosada para pedirle al Presidente que vete la ley. Pero no, sabían que el Presidente iba a hacer lo que había que hacer, y que la iba a vetar sin pérdida de tiempo, y por eso jugaron a las contradicciones o a esconderse. 
En ese sentido está claro que no coincidimos para nada con las recientes expresiones del ex Gobernador Sergio Urribarri sobre este tema, pero debemos al menos reconocer que se expresó, que dijo algo. Habría sido más interesante saber qué pensaba el Gobernador Bordet, con quien compartieron el proyecto político kirchnerista y urribarrista. Quizás haya que recordarle que firmó, junto a los demás gobernadores en abril del 2017 el Acuerdo Federal Energético, que establecía que las tarifas y precios tenían que reflejar los costos de su producción, transporte y distribución, permitiendo la inversión eficiente y la mejora de la calidad del servicio. El gobierno nacional ha puesto en marcha un esquema razonable y gradual de quita de subsidios indiscriminados a la oferta, que beneficiaban sobre todo a los ricos y promovían el derroche, y de subsidios focalizados a la demanda, dirigidos a los que menos tienen a través de la tarifa social, y a los que ahorran, a través del plan estímulo. Es oportuno recordar que - tal como señaló el senador Naidenoff - "en el 2010 quisimos avanzar con el proyecto de tarifa social para terminar con la injusticia de los subsidios indiscriminados. Estuvimos cerca de lograr dictamen, pero ningún senador del Frente Para la Victoria nos quiso acompañar." 
El record de imposturas estuvo en la sesión de ayer a cargo de la senadora por la Provincia de Buenos Aires que supo serlo de la Provincia de Santa Cruz. Que Cristina Fernández de Kirchner se atreva a pronunciar la sigla YPF sin ruborizarse es el colmo de la hipocresía y el cinismo político. Siendo Néstor Kirchner Gobernador de Santa Cruz y ella legisladora provincial militaron fervientemente por su privatización y extranjerización. El miembro informante en la Cámara de Diputados de esa nefasta ley fue su mano derecha Oscar Parrilli. Después hicieron todo lo que había que hacer desde el poder para que su amigo Eskenazi se quede con una parte de la empresa sin poner una moneda, y finalmente compraron caro la mitad de una YPF vaciada. Podríamos recordar también que cuando todos ellos eran menemistas privatizaron Gas del Estado con la inestimable colaboración de un diputrucho, y que sus gobernadores amigos entregaron los yacimientos de hidrocarburos más valiosos en dudosos procedimientos a empresas inglesas y norteamericanas. 
Frente a tanta irresponsabilidad y demagogia corresponde seguir apelando al debate racional y respetuoso, sobre la base de proyectos viables. En Entre Ríos, y en el caso específico de las tarifas eléctricas, lo hemos señalado hasta el cansancio y lo seguiremos haciendo, el principal problema no es el costo mayorista, que era imprescindible actualizar para detener el costosísimo festival de subsidios, sino el desmesurado costo de distribución de Enersa, que hace que los entrerrianos paguemos el doble o más la energía eléctrica que en provincias hermanas que sin embargo deben afrontar similares costos mayoristas. El que mejor, con más claridad lo ha graficado es el Dr. Darío Carrazza: Puede el envío salir más caro que la pizza? Por supuesto que no... Pero es lo que sucede en Entre Ríos. El envío (el costo de distribución que recarga Enersa) es más caro que la pizza (el costo de generación de la energía). Si Enersa aplicara el costo de distribución promedio de todas las provincias el monto final de las facturas podría reducirse alrededor del 25%. 
Necesitamos que estos problemas se discutan en una deliberación pública seria y elevada, con datos fehacientes y propuestas concretas, y sin chicanas ni slogans vacíos, que son hasta ahora la única respuesta que han tenido nuestros planteos.- 

José Antonio Artusi es diputado provincial (UCR en Cambiemos)
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lunes, 15 de diciembre de 2014

UNA LEY DE HIDROCARBUROS PARA LOS NUEVOS TIEMPOS O LA CONSOLIDACION DE LA DEPENDENCIA



”Elegid, compatriotas! O un mar de petróleo  en que
se ahogue la soberanía, o la sagrada soberanía
a flote aunque sea en un charco de petróleo”
Diario La Epoca - 27-07-1927
Citado por C.E.Solberg en
“Petróleo y Nacionalismo en Argentina”


A QUE VIENE LA NUEVA LEY

La sanción de la ley de Hidrocarburos, No. 27007,  viene a cerrar la estructura legal de un ciclo de retroceso de una política oficial que, iniciada con la toma del 51% del capital social de YPF S.A, declaraba apuntar al logro de la soberanía hidrocarburífera.

A las limitaciones que ya se mostraban en la recuperación de YPF, se sumaron luego las falacias de la Ley de Soberanía Hidrocarburífera y su decreto reglamentario, y el acuerdo de YPF con Chevron, que consagró la subordinación de una genuina política nacional a los dictados de los intereses de las multinacionales petroleras, particularmente norteamericanas. Y que además refirmó el manejo discrecional y autoritario de la política energética, demostrado por el secreto que rodea a las condiciones contractuales con Chevron y por la falta de solidaridad con Ecuador, país donde se había condenado a la empresa por delitos contra el ambiente. El fallo de la Corte Suprema que rechazó el bloqueo de los activos de Chevron, no solo ratifica la jurisprudencia de época de los ´90, sino que confirma el alejamiento de la doctrina determinada por el fallo del juez Salvador Lozada en el caso Swift–Deltec, que aprobara  las reparaciones judiciales ante agresiones externas. Más tarde, el generoso arreglo de compensación a Repsol por la toma de sus acciones -si bien estuvo orientado principalmente por una política generalizada de buena letra ante la comunidad financiera internacional- reforzó el viraje de la estrategia en el negocio hidrocarburífero para alinearla con los intereses de las multinacionales del sector.[i]

La nueva ley 27007 refuerza las excepciones y ventajas que se otorgan a las empresas que invierten en el sector en los contratos de concesión, incluidos en la ley 17319 y puestos en vigencia por la administración Menem. Entre otras medidas, se facilita la exportación de crudo y la libre disponibilidad de las divisas, se amplían los plazos de concesión, se concede un status especial a la concesión para explotación de hidrocarburos no convencionales, se  limita  el  porcentual  a  pagar  por  regalías  y  otros  gravámenes  a  la  producción  -independientemente de cuál sea la autoridad concedente- y se contemplan reducciones a las regalías en el caso de explotación con técnicas especiales (estimulación -´fracking´-, producción terciaria, petróleos extra pesados, offshore). 
 
Se modifica profundamente la anterior ley 17319 (de 1967) estableciendo bases uniformes para el otorgamiento de las concesiones y el pago de regalías, y se aboga para que las distintas jurisdicciones -el Estado Nacional y las provincias- fijen condiciones similares en el tratamiento impositivo y en los requerimientos de política ambiental a imponer a las empresas. Estas condiciones, de por sí recomendables, surgen como reacción a las consecuencias de la aplicación caótica de la ley “corta”, que permitió el avance de las dirigencias de las principales provincias petroleras -a veces en connivencia y otras en conflicto con las autoridades nacionales- en el manejo de las concesiones, y la participación de empresas provinciales como socios privilegiados. Ahora la ley prohibe que se reserven áreas para empresas con participación estatal, y que éstas se asocien a las multinacionales con ´acarreo´, es decir sin aportar a las inversiones proporcionalmente a su participación accionaria.[ii]
 
La nueva ley viene a  correr un telón de olvido e impunidad sobre los incontables incumplimientos de la ley 17319, que llevaron a la pérdida del autoabastecimiento y de gran parte de las reservas de hidrocarburos, acrecentando el poder de las empresas frente a la debilidad del Estado. Pero principalmente se pretende instalar un horizonte de “gobernabilidad” en la política hidrocarburífera, que asegure la continuidad de los negocios con las grandes empresas en el período de transición política que atravesamos hasta diciembre de 2015, y después; y que sea el Gobierno Nacional el que asegure ese clima de confianza, facilidades y estabilidad de las reglas que reclama el llamado ´establishment´, reduciendo la ingerencia de las provincias.

EL PAPEL DE YPF

En este proceso, YPF cumple un papel determinante[iii]. Ha reafirmado su posición de empresa líder por su predominio en el sector de downstream (refinación, distribución y comercialización)  y por la recuperación, o leve crecimiento, en la extracción de gas y petróleo -se va a convertir en la principal productora de gas tras la compra de los activos de Apache- pero sobre todo por su carácter de herramienta de las políticas del Gobierno Nacional. Sin embargo sigue en pie su carácter de sociedad anónima, no sujeta a auditorías por el Estado, en abierta violación al art. 85 de la Constitución  Nacional y a la ley de administración financiera del Estado Nacional, lo que resulta incomprensible desde un punto de vista sensato de las ciencias de la administración y control. Financia sus inversiones con los aumentos apreciables de los precios de las naftas que se le conceden, y que aprovechan las otras empresas, aun cuando su producción declina. Y también con la obtención de créditos y emisiones de bonos, apalancados por el Gobierno Nacional y pagados en buena medida por el ahorro de los argentinos.

Gran parte de esos fondos -y las inversiones de las empresas extranjeras en sus sociedades con YPF, como lo ha hecho Chevron- se concentran en la exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta. Ya hemos señalado que no parece ser esa la prioridad más conveniente para YPF y para el país, privilegiar estas explotaciones frente a las de los yacimientos convencionales, y apuntar más a la extracción de petróleo shale, cuando el mayor déficit de producción en el país se encuentra en el gas.  No parece ser una buena decisión además, teniendo en cuenta que los costos de producción son muchísimo mayores que en la explotación no convencional y se requiere una mayor proporción de insumos y tecnología importados. Y por sobre todo, avanzar sin responder adecuadamente a la resistencia que genera en la población de gran parte del país la aplicación de la fractura hidráulica, el “fracking”, que está siendo objetado en la mayoría de los países o zonas donde se utiliza, aun en EEUU, y en algunos casos prohibido.[iv] No se puede ignorar  que el art. 41 de la Constitución Nacional preserva el derecho de todos a vivir en un ambiente sano, y obliga al cuidado del ambiente y a la utilización racional de los recursos naturales, preservando el derecho de las generaciones futuras, lo que no parece estar sucediendo en las actuales operaciones no convencionales, si atendemos a las denuncias de las poblaciones vecinas a las explotaciones.

ESTAMOS EN EL MUNDO

Además de Chevron otras multinacionales como Exxon, Shell y Total también se adjudicaron concesiones en las formaciones shale en el país, pero el ritmo de exploración aparece muy lento, y no hay reportes de producción significativa y de abastecimiento de petróleo o gas shale desde esas concesiones. Y se observa que los montos de inversión comprometidos, o no se conocen o son ínfimos -de 250 o 300 millones de dólares por empresa- cuando se estiman en varios miles de millones anuales la cantidad necesaria para solucionar nuestra crisis[v]. Mientras se señala que son los riesgos de operar en Argentina la causa principal de la escasa inversión, las multinacionales responden a su estrategia en el plano internacional, a la que subordinan su accionar en el país.

El precio del petróleo ha bajado casi un 35 % en un año, llegando a alrededor de los U$ 70 el barril en los distintos mercados globales (WTI, Brent, Arab Light, Cesta OPEP). La explicación más común que se ofrece es que la gran producción de shale en EEUU, junto a cierto freno a la demanda por parte de China, India y otros grandes consumidores, ha hundido los precios. Sin embargo, el crecimiento en EEUU en producción de petróleo y líquidos ha sido en los últimos años -2009 a 2013- de sólo unos 3,5 Mbepd (millones de barriles equivalentes de petróleo por día) frente a una producción mundial cercana a los 88 Mbepd, si bien por ese aumento y por un uso mas racional, las importaciones de petróleo en EEUU han disminuido significativamente. Simultáneamente, la mayor parte del aumento de la producción shale ha sido en el gas, lo que ha provocado la caída de su precio interno, y que las empresas presionen al gobierno de EEUU para que autorice su exportación. Entretanto, empresas operadoras de shale están empezando a retraer sus inversiones, ya que se estima que una la mayoría de los campos de no convencionales dejan de ser rentables con precios del barril de petróleo que oscilan entre 50 y 80 U$ el barril. En Argentina ese precio límite de rentabilidad, llamado  ‘break even’, es seguramente mayor.

Ante el cimbronazo del mercado, la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo, que integran 12 países, entre ellos grandes productores como Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos, Irak, Irán, y abastece un 30 % del consumo mundial, ha decidido no aplicar a su producción un recorte que podría forzar el aumento de los precios[vi]. Estos vaivenes del mercado no son resultado de la simple aritmética de la relación oferta/demanda. Se especula que las grandes petroleras maniobran para que las medianas y pequeñas empresas que operan en el shale de EEUU queden fuera del negocio, y que los grandes de la OPEP coinciden en la maniobra para no resignar su cuota de mercado, reduciendo su producción.  Por lo que no es posible augurar que la caída del precio del petróleo sea duradera; podría revertirse cuando los grandes operadores consideren que ganaron la partida. Queda por considerar si no hay también presiones geopolíticas, que coinciden con las comerciales, tratando de perjudicar a otros países exportadores, opuestos políticamente a EEUU o a las monarquías del Golfo, como Rusia, Irán y Venezuela.


SOBERANIA O AUTOABASTECIMIENTO?

Sea cual fuere su estrategia global, es evidente que las grandes petroleras no arriesgarán en el país más capital que el suficiente para conservar las áreas concesionadas procurando que, a través de YPF y los gobiernos nacional y provinciales, el conjunto de los argentinos haga la mayor parte del esfuerzo, tal como sucedía hasta la llegada de Enrique Mosconi a YPF en la gestión presidencial de Marcelo T. de Alvear. El proceso para convertir los recursos no convencionales en reservas probadas, desarrollar la infraestructura y el aprendizaje para elevar la eficiencia de los procesos de extracción y lograr una producción competitiva en el mercado internacional, requiere grandes inversiones y llevará muchos años.

Chevron logró a través de la firma de varios acuerdos previos, ‘estrictamente confidenciales, que el contenido de la nueva ley resultara de su ´entera satisfacción´, tal como aseguran fuentes periodísticas que accedieron a esos documentos. Y todas las empresas gozarán de esas condiciones. Así es cómo, mientras se estima que YPF está aportando el 70% de la inversión actual en los hidrocarburos no convencionales, el conjunto del pueblo argentino carga con la crisis; el precio doméstico del petróleo es hoy de más de U$ 80 el barril -no acompaña la caída del precio internacional, que ya bajó de los U$ 70- y las naftas se pagan más que en EEUU y poco menos que en muchos países que no tienen petróleo[vii].

Así las grandes petroleras afianzan la seguridad energética de sus países, reteniendo el control sobre los recursos ajenos. Y la tan pregonada ´Soberanía Hidrocarburífera´ se ha sacrificado en aras de una pretendida cruzada por lograr lo más rápidamente posible el autoabastecimiento de hidrocarburos. La cita que encabeza este documento grafica, en otro contexto de nuestra historia, esta disyuntiva que hoy enfrentamos.
OPOSICIÓN O ANUENCIA
Ante la sanción de la nueva ley los principales grupos políticos opositores se manifestaron contrarios a las limitaciones que establece a la acción de las provincias productoras y sus empresas de energía; en particular la eliminación -finalmente sólo parcial- del ´acarreo´. Recelan de la concentración de poder en el P.Ejecutivo y especulan con el apoyo político de los gobernadores y futuros candidatos de las provincias petroleras. Sin embargo varios líderes políticos rehusan comprometerse públicamente a derogar la ley 27007 en caso de acceder al gobierno. Algunos realzan la profesionalidad -para nosotros discutible- del presidente de YPF, y  señalan que las divergencias que asoman en ocasiones entre sus apreciaciones y las del ministerio de Economía, son resultado de las incongruencias en las políticas que aplica la presidente.
La historia de la política hidrocarburífera en Argentina muestra que, en diversas                                          circunstancias, se han adoptado resoluciones drásticas, anulando o retrotrayendo las consecuencias de actos de gobierno previos. Tenemos como ejemplos la anulación de concesiones otorgadas y la reserva de áreas para YPF con la oposición de jurisdicciones provinciales  -recurrente en las primeras décadas del siglo pasado-  y la anulación en 1963 de los contratos celebrados durante el gobierno del Dr. Frondizi. La eliminación en el pasado de decretos o  resoluciones, demostraba entonces el corte franco con las políticas que los habían generado, y su efecto fue respetado, aun por potencias extranjeras.
Hoy se recurre a modificar parcialmente leyes o resoluciones, aun aquéllas promovidas por el mismo gobierno, o por anteriores gobiernos políticamente afines, sin renegar abiertamente de su espíritu, lo que refleja el retroceso, vergonzante, de la política de soberanía declamada poco tiempo atrás.
En los últimos años se ha conformado un cuerpo de opinión sobre las políticas en energía, con las apariciones públicas y documentos difundidos por un grupo de ex-secretarios de Energía, de dispar prestigio, de diversos orígenes políticos y de solvencias técnicas diversas, prekeynesianos en lo económico con propuestas neomenemistas que tenderían a reproducir la década del 90, cuando se llevó a cabo la eliminación de las politicas que consideraban a los hidrocarburos como bienes estratégicos, y su reemplazo por las decisiones del mercado. Para ellos los males parten de la crisis del 2001, producto justamente de las políticas de los ´90, a las que disimuladamente pretenden volver.
Varios de ellos se han comprometido aún más en el apoyo a las políticas de apertura a las grandes multinacionales, hasta alentar que el desarrollo del sector de hidrocarburos sea compatible con los intereses de los EEUU (La NACION 24-11-14, pag 21). Algunos ya actúan como expertos de agrupaciones partidarias, las  cuales, aun criticando hoy las decisiones del gobierno nacional, no aparecen dispuestas a realizar cambios sustanciales en la política energética. Estos expertos no responsabilizan de la situación actual a las políticas del menemismo, y silencian la continuidad con las mismas en su esencia,      a través de los gobiernos de la Alianza y del kirchnerismo; en especial cargan las tintas en la crítica a las intervenciones del Estado al amparo de la Ley de Emergencia Económica vigente, en su mayoría parches mal aplicados que han empeorado la situación de coyuntura que venían a remediar. Más allá de sus competencias técnicas y de sus trayectorias políticas previas, estos expertos no parecen ser portadores de proyectos de un rumbo realmente nuevo para el sector energético.
QUÉ DECIR DEL FUTURO                                                                                
Hemos señalado en documentos anteriores que la situación energética se tornaba realmente crítica, en la medida en que se conjugaban tres aspectos netamente desfavorables: el primero, la caída de la producción, que impedía revertir el déficit en el balance físico que acabó con el autoabastecimiento; en segundo término, el creciente déficit en la balanza comercial de la energía, producto de la importación de hidrocarburos y del incremento de la cuenta subsidios; y finalmente, la pérdida del poder de decisión de los gobiernos para revertir los aspectos anteriores, poder que, cada vez más, se transfería a las grandes empresas del sector, particularmente las transnacionales.
Creemos que este último aspecto se ha convertido en el predominante, en la medida que los pasos dados por las autoridades para intentar enfrentar los déficits físico y económico no han dado resultados notorios, y sí han reforzado el poder de las empresas. Y que no se puede esperar de esta administración un cambio positivo en el sector energético, en tanto las medidas en el campo económico general muestran su política cambiante y su debilidad frente al mundo financiero.
Hemos pregonado siempre que la energía es un asunto de todos, en la medida que disponer de energía suficiente y de calidad para llevar una vida digna es un derecho humano. Hoy más que nunca es imprescindible el compromiso de la gran mayoría del pueblo en la reconquista de la soberanía sobre nuestros recursos naturales para asegurar los derechos elementales de la salud, el trabajo, la educación, vivienda.
Creemos firmemente en que debemos luchar por imponer el regreso a una política energética -avalada por la opinión mayoritaria del pueblo- de firme compromiso del Estado Nacional en la recuperación del manejo soberano del sector, a través de grandes empresas estatales e independiente de los dictados del comercio internacional.  Esto requerirá un gran esfuerzo, imposible de lograr sin el apoyo de la gran mayoría del país, que sólo lo brindará si recupera la confianza en sus mandatarios y en las medidas que se adopten, que deberán implicar la captura de las riquezas generadas por el sector y su inversión racional, estratégica, por parte del Gobierno Nacional.
En ese camino insistiremos en abogar por:
Derogación de la llamada ley corta, devolviendo el dominio jurisdiccional del subsuelo al Gobierno Nacional.

Declarar servicio público la provisión de los combustibles sólidos y líquidos y gas, la electricidad, el agua y los servicios sanitarios.

Estatizar totalmente YPF S.A: convertirla en YPF Sociedad del Estado y otorgarle la exclusividad en la gestión operativa del sector hidrocarburos líquidos, transformando las actuales concesiones de explotación en contratos de operación.

Reintegrar la cadena del gas, de producción y transporte, creando la nueva empresa estatal única, Gas del Estado S.E.

Realizar una exhaustiva evaluación de las reservas hidrocarburíferas, independiente de las empresas.

Formular un plan de corto y mediano plazo tendente a recomponer paulatina y sensatamente el autoabastecimiento, enmarcado en una renovación de la  matriz energética.

Reformar los marcos regulatorios del gas y la electricidad y establecer los marcos regulatorios de los demás servicios, reconvirtiendo los entes reguladores en organismos estatales, no independientes, con direcciones idóneas.

Rejerarquizar la Secretaría de Energía, ampliando su rol planificador y su dotación de. personal calificado.

Fijar precios y/o márgenes de utilidad en los distintos subsectores de las cadenas de valor.

Reestatizar el despacho unificado de cargas de la electricidad.

Reformular todo el sistema tarifario de los servicios, de modo de establecer una jerarquía progresiva, uniformidad para todo el territorio nacional,  y valores subsidiados para la población de bajos ingresos.


BUENOS AIRES, 13 DE DICIEMBRE  DE 2014

HUGO A. PALAMIDESSI          GUSTAVO A. CALLEJA               JOSE RIGANE

      VICEPRESIDENTE                   VICEPRESIDENTE                   PRESIDENTE




[i] Ver MORENO, “El acuerdo con Repsol”, 17-04-2014.
[ii] Las multinacionales aceptan el acarreo: según Aranguren, el CEO de Shell, “tener de socio a la provincia no es malo, porque ante problemas con el gobierno nacional, por la importación de equipos o el incremento de las retenciones a la exportación, o con las comunidades locales y los sindicatos, es más fácil encontrar una solución si la empresa provincial participa” (Perfil, 24-8-2014)
[iii] La ley fue bautizada en medios oficiosos, citados en la prensa, como ´ley Galuccio´.
[iv] “Habrá que decidir entonces si, y en qué condiciones, es aceptable aplicar las modernas técnicas de fractura para superar la declinación de las reservas convencionales en nuestros yacimientos. Pero si se aceptaran, hay que atender también a que las formas, ritmo y circunstancias de la explotación respondan a una estrategia genuina de afirmación de la soberanía energética”. MORENO; “La refinación de petróleo”, junio 2013.

[v] Según dijo el Ing Galuccio, en una exposición pública ante autoridades e invitados en la Casa Rosada en mayo de 2012, el crecimiento propuesto para YPF entre 2013 y 2017 requería un promedio de inversiones de  U$ 7.000 millones anuales.
[vi] Se estima que los grandes productores del Golfo Pérsico y Medio Oriente pueden sostener hoy su producción con un precio de U$ 30 el barril.
[vii] La OFEPHI pidió al gobierno no bajar el precio interno del petróleo; el mencionado es el del crudo liviano Medanito, con el que se elaboran las naftas. La contracara: el barril del tipo más pesado Escalante, de la cuenca del golfo S.Jorge, se está exportando a U$ 60.




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viernes, 12 de diciembre de 2014

A 107 años del descubrimiento del petróleo en Argentina, el desafío sigue siendo el mismo: su nacionalización y la soberanía hidrocarburífera en serio

Por José Antonio Artusi / El 13 de Diciembre de 1907 se descubrió petróleo en Comodoro Rivadavia y comenzó la larga y conflictiva historia de la explotación de hidrocarburos en nuestro país. Historia jalonada por éxitos notables y retrocesos penosos, por gestas ejemplares y por ignominiosas entregas y defecciones. Los Presidentes Yrigoyen y Alvear, de la mano del Gral. Ing. Enrique Mosconi, sentaron las bases de una gran petrolera estatal nacional, YPF, la primera en su tipo en el mundo, verdadero orgullo nacional durante décadas, espejo en el que se miraron las naciones hermanas de América Latina para crear sus propias empresas petroleras. Hipólito Yrigoyen tenía absolutamente en claro, con notable lucidez, que el petróleo sería un bien estratégico, no renovable, y que la gestión de la política hidrocarburífera debía estar en manos de la Nación. Los intereses reaccionarios de oligarquías feudales enquistadas en las provincias y la connivencia con intereses extranjeros que dominaban al Senado le impidieron, lamentablemente, lograr lo que constituía su obsesión: la ley de nacionalización del petróleo. El golpe infame del 30, como se ha dicho, tuvo olor a petróleo, y truncó las posibilidades de avanzar en aquel momento por el camino de la autodeterminación y la defensa del interés nacional. Yrigoyen, en el mensaje al Congreso acompañando el proyecto de ley orgánica del petróleo en 1929, expresa con contundencia: "Las leyes mineras nacionales, coincidentes con principios de derecho civil adoptados por nuestro código, fueron dictadas en una época en no podía sospecharse el valor económico y la importancia social que adquirirían en el futuro los aceites minerales o hidrocarburos industrializados y puestos en el comercio. De ahí que no introdujera una excepción dentro del régimen legal adoptado a las substancias naturales existentes en el subsuelo, distribuyendo su dominio entre la Nación y las provincias en concordancia con su soberanía política, lo que significa entregar la dirección de los enormes intereses de todo orden relacionados con el petróleo, a criterio administrativo múltiple, cambiante y frecuentemente contradictorio de catorce jurisdicciones, además de la jurisdicción federal… Es suficiente enunciar ese estado de cosas para comprobar sus graves inconvenientes y hasta sus peligros evidenciados ya en la alineación precipitada de concesiones por algunos gobiernos provinciales, cuyas inconsultas medidas suscitaron tan justificadas inquietudes y que, revocadas más tarde por el cambio de pensamiento emergente de la renovación de los poderes locales, han dejado tras de sí secuela de conflictos, sometidos actualmente a la competencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación". Va a ser durante la presidencia de Arturo Frondizi que aquel anhelo de la nacionalización se concreta, a través de la Ley 14.773, siguiendo el criterio de la efímera Constitución de 1949, de la que aquella disposición era casi lo único rescatable. En su libro "Política y petróleo", Frondizi había señalado claramente el camino a seguir. Como señala Eduardo Conesa, "Todo el libro de Frondizi gira alrededor de la inconveniencia del sistema de concesiones porque el mismo implica otorgar en propiedad el yacimiento; y obtenida esa propiedad, los concesionarios solían mantener los yacimientos sin producir porque les interesaba importar petróleo de otras países donde sus costos de explotación eran menores, o sus ganancias mayores. Por eso, después, cuando Frondizi alcanzó la presidencia en 1958, hizo dictar por el Congreso la ley 14773 estableciendo que los yacimientos de hidrocarburos son propiedad inalienable e imprescriptible del Estado Nacional, otorgándose a las provincias una regalía del 12% en función de su dominio originario o eminente. Y las provincias, especialmente las patagónicas aceptaron gustosas." (Conesa). Me cuento entre los defensores de la anulación de los contratos de Frondizi que llevó a cabo el Presidente Arturo Illia, en cumplimiento de los compromisos asumidos en la campaña electoral, por considerarlos concesiones encubiertas pero considero también que en realidad aquellas diferencias operan como una suerte de árbol que no nos deja ver el bosque. Más allá de la interpretación que se haga de los contratos, Frondizi e Illia, herederos de las mejores tradiciones del radicalismo estaban de acuerdo en lo fundamental: el petróleo es nacional, debe ser explotado por YPF, y no hay que permitir concesiones, sino que el capital privado debe colaborar a través de contratos de exploración y explotación, entregando el producto a la petrolera estatal que debe ser el organismo rector de la política hidrocarburífera. El gobierno del usurpador Onganía, derogó la ley 14.773 y la sustituyó por la 17.319, que permitió las concesiones. En 1973 el bloque de diputados nacionales de la UCR, presidido en ese entonces por Antonio Troccoli propuso por ley la nacionalización de los hidrocarburos, “ratificando la política de nacionalización total de las fuentes naturales de energía” que se planteaba en la Plataforma Electoral. También se propuso en ese momento por parte de los legisladores radicales que las regalías a las provincias productoras debían elevarse al 16,75%. (Comité Nacional y Bloques de Diputados y Senadores Nacionales de la Unión Cívica Radical, 1973). La línea entreguista y antinacional se profundizaría luego en el gobierno peronista de Carlos Menem, auspiciado de manera entusiasta por el entonces Gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner y Cristina Fernández. La entrega y extranjerización de YPF en los 90, no revertida del todo más allá del relato falaz del gobierno, unida más tarde a la sanción de la denominada “ley corta” en una interpretación distorsionada del Artículo 124 de la Constitución Nacional, tuvo las consecuencias de saqueo y pérdida de reservas y autoabastecimiento que son conocidas: "Además el desastre era harto previsible porque en los últimos catorce años en nuestro país hubo trece Estados distintos con políticas petroleras diferentes. Por una parte la política petrolera de España ejercitada por Repsol. Por otra, la política petrolera de Brasil ejercitada por Petrobras, que finalmente vendió a grupos clientelistas locales. Por otra, la anti-política petrolera del Estado bobo nacional argentino que recién en abril de 2012 se dio cuenta del desaguisado que había generado…., y por último, las 10 políticas petroleras distintas de los estados provinciales con petróleo amparados en el redundante artículo 124 de la Constitución Nacional de 1994 sobre el supuesto “dominio originario”. Dicha política consistió en otorgar concesiones dentro del concepto de “capitalismo de amigos” para beneficio de quien sabe quién. Pero más allá del problema de la corrupción, las provincias no están en condiciones de negociar el contenido económico de las concesiones, ya que el precio interno del fluido y las reglas de su comercialización en el mercado interno del país o en el exterior son de incumbencia del Estado Nacional. A ello se agrega la falta de simetría en el poder negociador dado por el enorme conocimiento técnico de las poderosas corporaciones multinacionales del petróleo frente el desamparo técnico y económico de nuestras provincias tomadas individualmente." (Conesa). El desafío está trazado. Es imperativo volver a tener una política nacional de petróleo, recuperando en serio, del todo, YPF; como una empresa estatal y nacional, sujeta a todos los controles y auditorías propias del sector público; que convoque, en condiciones razonables a la participación del sector privado cuando sea necesario, pero sin concesiones. Y, como quería Yrigoyen, hay que nacionalizar los hidrocarburos, reconociendo a las provincias, en virtud del dominio originario que les corresponde, regalías mucho más altas que las actuales, pero en el marco de una política única y centralizada, que defienda como corresponde el interés nacional, para poner la renta petrolera al servicio del desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida de los más desposeídos.-
Bibliografía consultada 
Comité Nacional y Bloques de Diputados y Senadores Nacionales de la Unión Cívica Radical Cumplimos con la plataforma electoral [Publicación periódica] // Opinión Radical. - Buenos Aires : [s.n.], Diciembre de 1973. - 1. - pág. 8. 
Conesa Eduardo Portal Académico de la Facultad de Derecho de la UBA [En línea] // EL IMPUESTO A LA TIERRA LIBRE DE MEJORAS, RECURSOS NATURALES, HIDROCARBUROS Y EL FEDERALISMO EN LA ARGENTINA. - 11 de Diciembre de 2014.
http://portalacademico.derecho.uba.ar/catedras/archivos/catedras/19/el_impuesto_tierra_libre_de_mejoras_y_a_los_recursos_naturales_en_general_en_el_regimen_federal_argentino_copia.pdf.
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miércoles, 6 de marzo de 2013

EL SISTEMA ELECTRICO ARGENTINO


Documento del MORENO, Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora 
 EL ORIGEN DE LA CRISIS 
No resulta novedoso proclamar que el sistema eléctrico de nuestro país está en una coyuntura crítica. Casi todos los técnicos del sector -con excepción de los responsables de algunas empresas y los funcionarios oficiales- aún con diagnósticos diversos, vienen denunciando el deterioro creciente del servicio, la difícil ecuación económica que afecta a las finanzas del Estado y de subsectores de la actividad, y las vacilaciones e incongruencias que caracterizan a las políticas aplicadas por las autoridades. Tampoco es novedad para los usuarios que sufren los cortes y las caídas de tensión en el suministro por lo que, particularmente este verano, sus manifestaciones de protesta han ido creciendo en intensidad. Hoy día no es un secreto para nadie que, si bien el deterioro se hizo evidente en la última década, las raíces de la crisis están en las reformas aplicadas en la década de los ´90. La generación y el transporte troncal de energía eléctrica fueron entonces librados al mercado, dejando de ser un servicio público. Dentro de la política global de privatización de las empresas del Estado, se desmembraron Agua y Energía Eléctrica, Hidronor, Segba; se vendieron -o se concesionó la explotación- de la gran mayoría de las plantas generadoras ; se fragmentó la distribución en el área metropolitana de Bs As y la operación de transporte en alta tensión; se multiplicaron las empresas pero se redujo drásticamente el personal, sobre todo técnico, y se eliminaron las escuelas de formación y capacitación; se privatizaron distribuidoras provinciales. La nueva normativa, que se iniciara con la sanción del Marco Regulatorio del sector -ley 24065-, fijó reglas de operación y comercialización que favorecieron a las empresas, las que hicieron grandes ganancias desde los primeros años de los ´90 ; la destrucción de la integración vertical dio origen a un esquema de no regular la generación y sí hacerlo con el transporte y la distribución, donde aumentos en la base se trasladaban hacia el consumidor final. En ese período la instalación de equipos de ciclo combinado y de turbinas de gas recompuso por algún tiempo la potencia disponible, pero luego no se invirtió en nuevas máquinas porque, en general, las empresas aplicaron las utilidades a operaciones financieras o las remitieron a sus casas matrices en el exterior. Se produjeron cambios en la propiedad de las empresas, que se fue concentrando, y hacia fines de los ´90, ya no operaba la tan especial ´libre competencia´ en la generación, ni la prohibición para una misma firma de poseer intereses simultáneamente en los distintos subsectores de generación, transporte y distribución. Tras años de crecimiento económico y aumento de la demanda de energía, la salida de la convertibilidad monetaria a principios del 2002 y la conmoción de la economía que generó, alteraron aún más el equilibrio del sector en su conjunto, por los reajustes irregulares en la asignación de costos y distribución de cargas impositivas entre los distintos sectores y en las tarifas. Así el marco regulatorio eléctrico, que fuera fijado en el marco de la convertibilidad, fue reglamentado y modificado innumerables veces, y también ignorado o violado en disposiciones y acuerdos con las empresas del sector. La falta de inversiones suficientes en el sector llevó a un deterioro progresivo del servicio, tanto en la potencia disponible como en la confiabilidad y calidad del suministro. Simultáneamente se iba produciendo la caída en la extracción de gas natural, mientras aumentaba su peso como principal fuente primaria en la generación eléctrica, sin olvidar que, desde mediados de los 90,´se intensificaron las exportaciones. LA ÚLTIMA DECADA En 2004, la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) advirtió a las autoridades del área sobre la crisis que sobrevenía en el sector, y que involucraba al suministro de gas, cuya producción estaba cayendo . El Gobierno nacional elaboró entonces un Plan Energético 2004-2008 en el cual comprometía: la ejecución de diversas obras en generación, transporte y distribución; la aplicación de un plan de ahorro de energía; medidas de normalización de los mercados mayoristas de electricidad (MEM) y del gas (MEG); consolidación de acuerdos para importación de gas (con Bolivia), fueloil (con Venezuela) y energía eléctrica (con Brasil). En lo que concierne a la generación, hasta varios años después la potencia instalada creció mas lentamente que la demanda , a pesar de que se encararon -como obras principales por su potencia- la terminación de la central nuclear CNA II y la elevación de la cota de Yaciretá (la cota de 83m de Yaciretá se alcanzó en 2011, y CNA II no está aún operativa). En los últimos años se incorporaron centrales de turbogas y centrales de gas en boca de pozo y se convirtieron centrales en ciclos combinados. También hubo incorporación de autoproducción por parte de grandes empresas industriales y de extractoras de gas, que alimentan al Sistema Interconectado una vez satisfecho su consumo . Pero seguramente la peor medida adoptada en los últimos tiempos es el plan de Generación Distribuída, por el que se incorporan equipos móviles alimentados con fuel oil o gasoil-de pocos megawatt de potencia, bajo rendimiento, fuertes emisiones al ambiente- que se instalan en zonas o ciudades para cubrir el déficit de generación . La mayor parte de toda la potencia incorporada aumenta la dependencia del gas y los combustibles líquidos . Se han incorporado algunas obras hidroeléctricas menores, pero recién ahora se aprecian progresos en las gestiones sobre Garabí-Panambí (compartida con Brasil, en el río Uruguay), Los Blancos (en Mendoza) y las centrales Kirchner-Cepernic (río Santa Cruz), mientras se posterga Chihuido, en el río Neuquén. Sobre la central en el brazo Aña Cua -en Yaciretá- y sobre Corpus (también sobre el Paraná y compartida con Paraguay) parece haber solo declaraciones. En los últimos años se ha puesto en marcha el programa de expansión de energías renovables (GENREN): se han inaugurado varios parques eólicos (principalmente en Chubut, Santa Cruz, Buenos Aires) y hay muchos otros en proyecto, pero su contribución a la oferta global es todavía poco relevante; mucho menor aún es la de los generadores solares y con biocombustibles. Hoy día apenas se satisface la demanda de potencia, en particular la máxima de pico que, entre 2002 y 2012, aumentó más del 60%, llegando a 22.000 MW este año, mientras que la potencia incorporada, casi toda financiada por el Estado, sólo aumentó un 30% . Y casi nada se ha hecho para moderar la demanda; el plan de Uso Racional de la Energía Eléctrica (PUREE, en dos etapas, 2004 y 2005) solo consistió en aplicar premios y castigos al ahorro o aumento del consumo comercial y residencial con pautas muy discutibles e incomprensibles para la mayoría de los usuarios, lo que no produjo consecuencias significativas, lo mismo que incentivar el uso de lámparas de bajo consumo, o de limitar la iluminación pública. Luego el plan PRONUREE (Programa Nacional de Uso Racional y Eficiente de la Energía, decreto 140/2007) estableció muchas líneas de acción en el corto y mediano plazo y para muchos sectores del consumo, pero poco y nada de ello se implementó y los resultados fueron prácticamente nulos. En el transporte en alta tensión, dentro del Plan Federal de Transporte de ampliación del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y con el Fondo Fiduciario de Transporte Eléctrico Federal (FFTEF) se concretaron varias de las obras programadas: la 3ª. línea de Yaciretá y las interconexiones NOA-NEA, Choele Choel a Pto Madryn a Pico Truncado, Comahue-Cuyo y la línea “minera” La Rioja-Recreo. Menos se ha logrado en la distribución troncal (en 133kV y 220kV), gestionada a través de seis empresas, las Distros Troncales, con jurisdicción en distintas regiones o provincias, lo que en ocasiones dificulta los acuerdos sobre las obras y su financiación. La distribución en baja tensión es el subsector más sensible al malestar de los usuarios: los cortes y caídas de tensión en el suministro son originados en su mayor parte por las fallas en el equipamiento -subestaciones, cámaras, cables- y, de no ser así, igualmente la empresa distribuidora es responsable del correcto suministro de electricidad, por ser un servicio público y por estar fijado en los contratos originales Hoy día las protestas más frecuentes y virulentas de los usuarios de servicios públicos son generadas, principalmente en el AMBA, por las fallas del servicio eléctrico y las deficiencias en las reparaciones que, la mayoría de las veces, se deben al escaso personal dedicado, a su condición de tercerizados y su consecuente escasa experiencia profesional. Y este verano en el AMBA, ante los cortes, proliferan los grupos generadores portátiles en viviendas colectivas y pequeños comercios y talleres. La dispersión de empresas distribuidoras en todo el país, de larga historia, se vio agravada luego de las privatizaciones. En particular, la distribución en el área metropolitana (AMBA) y La Plata, que quedó a cargo de Edenor y Edesur, y de Edelap, respectivamente -partiendo de una situación precaria- se fue deteriorando aceleradamente ante el crecimiento del consumo, como resultado de la baja inversión. Fallas importantes en las obras (recordemos el incendio de la subestación de Edesur recién estrenada en 1999 y el prolongado apagón que le siguió) y en la prestación de los servicios de mantenimiento ante fallas, no fueron castigadas debidamente por el ente regulador (ENRE) . LA ECONOMIA DEL SECTOR La tendencia de las políticas del Gobierno Nacional ha sido en general, por un lado tratar de sostener la rentabilidad privada, principalmente en el mercado de generadores y transportistas; por otro en la última, tratar de no provocar rechazo de los usuarios hacia el Gobierno, evitando aumentos importantes de tarifas -o retrotrayéndolos-, sobre todo en el sector residencial. Políticas con objetivos similares se desarrollaron en el subsector eléctrico, y en el de los hidrocarburos, principal fuente primaria de la generación eléctrica. Y se han convertido en una pesada carga para el presupuesto nacional, amén de alentar a empresas del sector eléctrico a amenazar con abandonar el sector sino se las subsidia, cada vez más. A los costos en exceso originados en una estructura sectorial plagada de empresas innecesarias que no compiten, es innegable que aumentaron los costos. Para alentar mayor producción de gas se ha aumentado el precio que deben pagar las usinas eléctricas, pero la diferencia es subsidiada a través de Cammesa; también se subsidia la importación de electricidad y el fueloil -que algunas usinas consumen cuando se les restringe el gas- parte del cual también se importa, por falta de capacidad de refinación en el país . También han aumentado los costos laborales, como resultado de los ajustes de los salarios otorgados en el sector ante el proceso inflacionario. Paralelamente las tarifas al consumidor, se han ajustado de manera desigual; los consumidores industriales y comerciales han tenido aumentos mayores que los residenciales. Especialmente en el área de Buenos Aires y La Plata, hasta ahora, se habían contenido los aumentos a los usuarios residenciales; mayores tarifas de base, o el agregado de impuestos con diversas aplicaciones, o el castigo por aumento de consumo, fueron casi siempre rechazados enérgicamente por la mayoría de los usuarios. Lo mismo sucedió más tarde con la anulación de los subsidios -al consumo domiciliario de gas y electricidad- que se intentó en 2011, y luego se suspendió . Actualmente las distribuidoras del AMBA, Edesur y Edenor, se presentan en situación de alto endeudamiento , que las propias empresas y los técnicos y políticos que las apoyan atribuyen exclusivamente a que las tarifas pagadas por los usuarios del área metropolitana no cubren los crecientes costos. La diferencia con la situación en otras ciudades y zonas del país depende de las tarifas de otras distribuidoras -y también de las cargas impositivas- que fijan los gobiernos provinciales, considerando también la generación de unidades de su propiedad. . Para las finanzas públicas la importación de energía y los subsidios directos a las empresas del sector se ha convertido en un problema de primera magnitud. La importación de energéticos -en parte destinada a usinas eléctricas (el 45% del gasoil) y sin impuestos- ascendió en 2012 a 7383 millones de dólares. El gasoil, el gas natural licuado, el gas natural y el fueloil han ocupado el 2º, 3º, 5º y 6º lugar, respectivamente, en la lista de los productos importados. Los subsidios al sector eléctrico se estimaron en $17.000 millones en 2012. EL ULTIMO AÑO El año pasado, ante la difícil situación económica - con la pérdida del superávit fiscal y comercial- el Gobierno Nacional pareció adoptar cambios significativos en la política energética. La toma del control del 51% de YPF S.A. y la sanción de la ley 26741 de Soberanía Hidrocarburífera, anunciaban como objetivos el ejercicio de la soberanía en el sector, el aumento de la producción de gas y petróleo con vistas a la reconquista del autoabastecimiento, la recuperación por el Estado del control y de una mayor renta del sector. Pero pronto diversos hechos y declaraciones oficiales pusieron en la duda la orientación del cambio, principalmente la reafirmación del carácter de empresa mixta, la pertenencia del dominio jurisdiccional del subsuelo en manos de las provincias, el mantenimiento del objetivo exportador y la integración del directorio de YPF -con personas de orientación privatizadora y provincialista-, el diagnóstico sobre la responsabilidad de Repsol en la gestión de vaciamiento llevada a cabo en YPF y la ausencia de cargos legales a los responsables y la enunciación de la participación privada en proyectos importantes del sector. Luego el decreto 1277/12 que reglamentó la ley 26741, avanzó en la concepción soberanista, centralizando el control del sector, definiendo un plan de inversiones y designando una comisión de planificación y coordinación . Paralelamente, la nueva dirección de YPF presentaba su plan de trabajo en el corto y mediano plazo siguiendo los dictados de la ley, e inició conversaciones con distintas petroleras para lograr mayores inversiones en exploración y explotación . Por ahora la financiación de la expansión de YPF la sostienen prioritariamente los préstamos del ANSES y adelantos del Tesoro Nacional, y para acrecentar sus ingresos YPF ha aumentado el precio de las naftas y emitido títulos en el mercado de capitales. Nada se ha hecho tendiente a la transformación de los contratos de concesión vigentes en convenios de explotación, ni se ha avanzado en la realización de estudios de nivel e independientes destinados a la determinar el potencial hidrocarburífero del país, tanto en lo referido a las reservas convencionales como no convencionales y, en este último caso, sobre las consecuencias económicas, sociales y ambientales que podrían derivar de su eventual explotación.. Producir más gas es una de las prioridades que se fijó YPF; no obstante en el lapso transcurrido desde la asunción del nuevo directorio, la producción total del país, así como la propia- descendió, por lo que recientemente se creó un nuevo plan de incentivos, en remplazo del anterior “Gas Plus” que no logró aumentar la producción. Para mejorar las cuentas de la electricidad, asi como las de gas, se han creado cargos fijos en las facturas bimestrales -de montos crecientes con el consumo, de hasta $300- con el fin, se dice, de constituir un fondo para que las empresas inviertan en nuevas instalaciones; pero la experiencia no permite ser optimista sobre el proceder de las empresas . La situación de las distribuidoras de electricidad del AMBA es tan crítica que el Gobierno, a través de Cammesa que administra los subsidios, está ejerciendo un mayor control sobre las mismas . La Comisión de Planificación y Coordinación les ha pedido información detallada sobre los costos, y ha trascendido que se buscaría cambiar la estructura de precios marginales por otra de “costo plus” (precio=costo+ganancia razonable) como la que regulaba los precios de Segba antes de la privatización. QUÉ HACER En el MORENO creemos que las políticas aplicadas hoy no conducen a la recuperación de la soberanía energética que hará posible que la energía se convierta en un bien social en Argentina. Se mantiene una estructura de protección de los intereses de grandes monopolios: siguen rigiendo normas que mantienen estructuras de precios y un sistema de concesiones por largos períodos, obsoleto ya en casi todo el mundo. El ritmo y la orientación de las inversiones responden, no a las necesidades del país y de una política de integración regional, sino a los intereses y las estrategias globales de las grandes multinacionales, para captar la mayor parte de la renta energética y disponer libremente de ella . La gestión actual no responde cabalmente a una planificación global del sector energético que abarque todo el país, por las potestades de las distintas provincias y la dispersión de empresas. Además no existe una conducción unificada, porque distintos funcionarios -de YPF, la Secretaría de Energía, el Ministerio de Planificación, la Secretaría de Comercio Interior- interaccionan entre sí con grandes dificultades, ya que tienen visiones encontradas sobre las políticas a aplicar, o compiten por apoyos políticos. Para cambiar el rumbo se requiere un control integral del sector por parte del Estado Nacional, con una planificación global y una gestión unificada en grandes empresas estatales, con la colaboración de todas las provincias y el control de organismos oficiales autónomos con participación popular. En el MORENO sostenemos que se debe estatizar el 100% de YPF, renegociar o anular los contratos eliminando la figura de concesión, derogar la Ley Corta, reformar los marcos regulatorios de la electricidad y el gas, prohibir las exportaciones de petróleo y derivados, realizar una auditoría global de reservas convencionales y no convencionales, y un estudio profundo del impacto social y ambiental de las explotaciones. Pero para hacer posible este cambio de rumbo, debe existir la voluntad política de encararlo; si la hubiera, el pueblo lo apoyará, y será posible fijar nuevas reglas del juego y las empresas las aceptarán; la experiencia de las nacionalizaciones en Bolivia o en Ecuador, muestran que un gobierno genuinamente democrático y popular, tiene el poder para hacerlo. Buenos Aires, 5 de marzo de 2013 HUGO PALAMIDESSI GUSTAVO CALLEJA JOSE RIGANE Vicepresidente Vicepresidente Presidente (011)155 139 6800 (0221) 154 284 815 (0223) 155 331 970 HUGO RIZZUTO Vicepresidente Leer más...

viernes, 12 de octubre de 2012

Documento del MORENO sobre la situación energética

El MORENO ha venido sosteniendo, desde su fundación, la defensa de la propiedad inalienable del Estado de los recursos naturales y de su papel rector en la prestación de los servicios públicos. El desarrollo de las políticas neoliberales en el conjunto de la economía, iniciado en la década de los años ´90, llevó a la privatización y el desguace de las empresas estatales y al avance de las empresas multinacionales del sector energético, lo que ha culminado en una situación crítica de pérdida del autoabastecimiento de energía y déficit pronunciado de su balanza comercial, particularmente del sector hidrocarburífero. La reciente promulgación de la ley 26741 sobre la soberanía hidrocarburífera de la República Argentina, generó por una parte grandes críticas, y por otra limitadas esperanzas. Las críticas parten de diversos sectores políticos y de muchos de los técnicos que, durante años, ejecutaron las políticas en energía. Para ellos la toma de control de YPF S.A. representaría un paso que, más allá de castigar a Repsol por sus fallas e incumplimientos -que los gobiernos aprobaron o al menos toleraron- generaría principalmente el rechazo y la desconfianza de las grandes empresas multinacionales, lo que limitaría las nuevas inversiones necesarias para avanzar en la oferta de hidrocarburos y la recuperación del autoabastecimiento. Por otra parte la letra de la ley 26741 -que declara de interés público el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, establece principios muy generales de política en ese sector, y declara sujeta a expropiación a YPF S.A.- generó expectativas. Estas nos resultaron limitadas, a quienes promovemos desde siempre la necesidad de que el Estado maneje soberanamente la producción, distribución y comercialización de los bienes energéticos y los servicios públicos. Seguimos sosteniendo que los hidrocarburos son bienes estratégicos y que el Estado argentino, tal como sucedía en nuestro país hasta 1989, y como sucede en prácticamente todos los países del mundo, debe volver a asumir esas funciones directrices. La ley no apuntó claramente a avanzar en esa dirección. En principio señalábamos que YPF S.A, de la que se tomó posesión del 51% a través de la ley 26741, sólo representa un tercio de la oferta de petróleo y gas y alrededor del 25% de las reservas, y que continuaría operando como sociedad anónima, sin los controles que se aplican a las empresas estatales. No se planteaba ningún cambio en las relaciones del Estado con las demás petroleras (se refirma la posibilidad de que YPF establezca “todo tipo de acuerdos con otras empresas, públicas, privadas o mixtas, nacionales o extranjeras”, art17). Además la composición de la intervención primero, y luego del nuevo Directorio de YPF, no alentaba a suponer ningún cambio sustancial. Opinábamos que debían derogarse los decretos desreguladores de Menem del año 1989, que otorgaban libre disponibilidad de los hidrocarburos extraídos y de las divisas que generaran su exportación. Y que debían anularse las concesiones otorgadas y las prorrogadas por extensos períodos en forma irregular. Desde la sanción de la ley de Soberanía Hidrocarburífera, se fueron sucediendo declaraciones y hechos que ahondaron las dudas sobre el alcance y carácter de la nueva gestión. La Presidente de la Nación reafirmó el modelo de empresa mixta elogiando, dentro de esa visión, la gestión del Ing. Estenssoro quien, en los principios de los años ´90, inició el proceso de desmembramiento y reducción de YPF, con su “Plan de Transformación Global”. Por su parte el Ing. Galuccio, presidente y principal ejecutivo de YPF S.A., anunciaba las líneas generales de las políticas que se aplicarían para aumentar la producción de hidrocarburos: la reactivación de los yacimientos maduros, el crecimiento de la refinación y la comercialización, y la explotacion de yacimientos no convencionales, en arenas compactas (tight) y en esquistos (shale). La aplicación intensiva de técnicas de recuperación, y un aumento de los pozos perforados (1019 en 2013, un 50% más que en 2011) llevarían a un crecimiento de la producción del 6% anual entre 2013 y 2017. Y la exploración de hidrocarburos no convencionales se multiplicaría por diez para el petróleo y por veinte, en el caso del gas entre 2013 y 2017. Este plan requeriría erogaciones de 3500 millones de dólares en 2012, y de 7000 millones de dólares anuales entre 2013 y 2017. Ante la situación económica, y en particular ante el déficit de la balanza comercial energética, se buscó activamente involucrar a las empresas multinacionales en los nuevos planes que proyectaba la nueva YPF. Si bien en medio de la embestida contra Repsol previa a la intervención de YPF S.A, otras empresas habían sido acusadas de la caída de la producción y sufrido la quita de concesiones, en un informe sobre la evolución de la crisis energética se culpaba casi exclusivamente a Repsol. Hasta ahora no se ha avanzado significativamente en lograr nuevas inversiones de las multinacionales que -por lo que trasciende de las reuniones mantenidas con ellas- pretenden la libre disponibilidad del hidrocarburo y las divisas. La situación financiera se ha complicado también por la pérdida de las líneas de crédito bancario que antes tenía abiertas YPF por gestión de Repsol. Por lo tanto no parece fácil conseguir financiamiento externo a través de préstamos o emisión de acciones. Al mismo tiempo se busca incrementar los ingresos desde el mercado interno a través de los precios de los hidrocarburos: continuó el aumento de precios de YPF en el surtidor, los del gas subieron, a 5,20 u$ el millón de Btu para las centrales eléctricas (a través de Cammesa (aunque luego se dijo que fue suspendido), y recientemente se aumentó un 300%, a $ 0,60 el metro cúbico en pozo, el GNC para automotores. Pero no se ha contemplado fijar el precio de la garrafa de gas licuado (GLP), que pesa fuertemente en la economía de muchos hogares pobres. Tampoco se intenta seriamente reducir el déficit revisando los subsidios a los combustibles para el transporte público. El próximo intento será obtener $3500 millones emitiendo Obligaciones Negociables de YPF en el mercado interno y exhortando a los grandes capitales nacionales a invertir en la empresa. En cuanto al aumento de la oferta de hidrocarburos es alentador que haya culminado la ampliación de la refinería de Ensenada, que permitirá producir más gasoil, y que se reanude la producción de yacimientos inactivos. Para asegurar la provisión externa de hidrocarburos y atender la demanda que no cubre la producción nacional, se logró un nuevo compromiso de Bolivia para que aumente -en años sucesivos- el volumen de gas inyectado diariamente por gasoducto, a mayores precios. También se reanudaron tratativas con Venezuela, para garantizar la provisión de gasoil y tal vez lograr apoyo para la construcción de una nueva refinería. Se negociaron compras de nuevas cargas de GNL por barco -aunque reduciendo de los 80 previstas a 56- debiendo remplazar las que debía proveer Repsol, que rechazó cumplir con 10 envíos como represalia por la estatización de parte de su paquete accionario en YPF S.A. Entre quienes apoyamos críticamente la sanción de la ley 26741, surgieron prontamente numerosas dudas y objeciones sobre las formas con que se está encarando la gestión, considerando el perfil de los distintos funcionarios que intervienen y la falta de coherencia entre las acciones encaradas por ellos, amén de los conflictos de intereses que se suscitan entre las provincias. A todos sorprendió que la intervención de YPF S.A. fuera confiada al ministro De Vido -ejecutor principal de las políticas que durante las presidencias de Néstor Kirchner y de Cristina F. de Kirchner, condujeron a la crisis energética actual- acompañado por Axel Kicillof, funcionario de creciente influencia sobre la presidente . Luego se constituyó el nuevo directorio -presidido por Miguel Galuccio, profesional formado en la YPF de Estenssoro- al que se incorporaron economistas de perfil neoliberal, sindicalistas que apoyaron la privatización y representantes de las provincias productoras de hidrocarburos. Los tres funcionarios han intervenido, a veces conjuntamente y en otras separadamente, en distintos niveles de tratativas con las empresas y gobiernos extranjeros, y en la designación de funcionarios en YPF; en diversas actitudes y expresiones se trasluce una competencia por espacios de poder, que generalmente termina dirimiéndose en la presidencia de la Nación. Las empresas recelan de estas contradicciones y contramarchas, así como de la indefinición de competencias entre la Nación y las provincias. Las provincias productoras -agrupadas desde hace tiempo en la OFEPHI- son las únicas que participan en el directorio de YPF; y sus acciones serían ´sindicadas´ con las de la Nación, por lo que Nación y provincias actuarán casi como una sola voluntad en el directorio. La exclusión del resto del país no hace más que reforzar las actitudes egoístas de los gobiernos de la OFEPHI frente al conjunto del país, que ha financiado el desarrollo hidrocarburífero a través de la YPF estatal, a lo largo de la historia. Pretenden disponer de los hidrocarburos, aumentar el precio en boca de pozo -por presión de las empresas- y aumentar las regalías, pero al mismo tiempo reclaman que se les subsidie el consumo interno y se congelen las tarifas. Buena parte de los fondos con los que se enjuga el déficit fiscal de varias provincias, se obtienen de las regalías de yacimientos cedidos por la Nación, o de los adelantos de las empresas a cuenta de futuras regalías, y el resto lo aporta la coparticipación federal, más generosa con ellas que con otras jurisdicciones, como la provincia de Buenos Aires. El día 25 de julio entraron en vigencia los decretos 1277/2012 y 1278/2012. El primero reglamenta la ley 26741, definiendo los contenidos de un Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas y creando una Comisión de Planificación y Coordinación Estratégica (CPyCE) de dicho plan, que deberá “…asegurar y promover las inversiones necesarias…” en todas las etapas y en todos los subsectores de la actividad hidrocarburífera. Esa comisión estará conformada por tres funcionarios, representantes de los ministerios de Economía y Finanzas Públicas y de Planificación Federal. Se crea además el Registro Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas y se establecen las obligaciones de todos los actores del sector de informar anualmente sobre los planes anuales de inversiones; además la CpyCE “…auditará y fiscalizará en forma trimestral el cumplimiento del Plan Anual…” (Anexo I, art 15,19 y 26), para lo cual “…se encuentran obligados a suministrar la información técnica, cuantitativa y/o económica, conforme a las pautas que establezca la Comisión de Planificación…” (art 11,16 y 23). Además, según los arts. 27 y 28 se establecerán criterios que regirán las operaciones en el mercado interno, se publicarán precios de referencia de venta y de los componentes de los costos -que permitan obtener ‘un margen razonable de ganancia’- y se auditarán y fiscalizarán periódicamente los precios reales y los costos informados por los productores. Pero lo más importante es que el decreto 1277 deroga diversos artículos de los decretos 1055/89, 1212/89 y 1589/89, eliminando la cobertura legal al privilegio de los mecanismos de mercado por sobre cualquier regulación, la libre disponibilidad de los hidrocarburos y de las divisas obtenidas por su exportación, la libre importación y exportación, la libertad de precios, la exención de aranceles aduaneros. Efectivamente, el decreto amplía el alcance de la ley 26741, que declaraba los hidrocarburos “de interés público”, les da carácter de bien estratégico y otorga al Estado la herramienta legal para conducir el desarrollo del sector y avanzar en la recuperación de la renta hidrocarburífera. El otro decreto, 1278/2012, aparece reforzando el peso de la Secretaría de Política Económica y Planificación del Desarrollo -del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas- a cargo de Axel Kiciloff, uno de los funcionarios integrantes de la CPyCE junto con el Secretario de Energía, D.Cameron, y del Secretario de Comercio Interior, G.Moreno. Axel Kiciloff, virtual viceministro de Economía, manejará las políticas y acciones del Estado en las empresas en las que el Estado y/o el Ministerio de Economía tienen participación minoritaria y en las inversiones del Fondo de Garantía de la ANSES. La aparición de los decretos y el nombramiento de los funcionarios de la CPyCE despertaron particularmente la reacción de las grandes petroleras y movilizaron también a muchas administraciones provinciales. Se escucharon, en público y en reuniones con funcionarios, quejas de las petroleras que piden aclaraciones por las normas que atribuyen a la Nación facultades que, alegan, por ley están en manos de las provincias, como el control de las inversiones y la sanción de multas y el quite de áreas (Dto 1277, Anexo I, art.29, 30,31); y advirtieron que no decidirían nuevas inversiones hasta que no se aclararan las incompatibilidades. En las provincias no petroleras se sigue argumentando contra la discriminación en la composición del directorio de la nueva YPF. Por su parte las provincias integrantes de la OFEPHI, que tienen asiento en el directorio y compiten entre sí por su peso relativo, ven ahora retaceado su poder por la nueva normativa, en favor del gobierno nacional. Además como no disponen de capital para integrar su participación accionaria en YPF, convinieron en un ´pacto federal´ que podrían ceder, sin licitación, áreas revertidas a YPF, o prorrogar las concesiones en áreas que la empresa considere estratégicas. A las manifestaciones de los funcionarios nacionales y provinciales y de las empresas del sector, se han agregado opiniones de políticos, técnicos y aun de algunos dirigentes sindicales que han apoyado las privatizaciones. De la mayoría han surgido objeciones al avance del gobierno nacional sobre las atribuciones de las provincias, llegando a tachar de inconstitucionales los decretos 1277 y 1278, denunciando un avance ´estatizante´sobre el sector hidrocarburífero -que, alegan, ahuyentarían la inversión de las grandes empresas del sector- y recelando del crecimiento de la influencia del viceministro Kiciloff. Atendiendo a cómo se financiarán las medidas inmediatas para el 2012 y el plan de recuperación de YPF que el Ing. Galuccio anunciara para el período 2013-2017, vemos que por ahora no se manifiestan avances significativos en lograr nuevos acuerdos de inversiones o de aumentos de producción con otras empresas. En particular los planes de inversión para explorar y explotar los yacimientos de gas/petróleo´shale´ y gas/petróleo ´tight´ se deberían considerar con mucho cuidado, en primer lugar por el impacto ambiental, pero también atendiendo prioritariamente en las inversiones a las necesidades de nuestro autoabastecimiento, frente al interés particular de las grandes multinacionales en la explotación de nuestros recursos no convencionales. En el MORENO entendemos que las nuevas normas, aunque tibias en algunos aspectos, son positivas en el camino de recuperar el rol del Estado que siempre reivindicamos. Si bien el avance sobre las empresas multinacionales y las competencias provinciales en el sector hidrocarburífero no ha sido ´prolijo´, confiamos en que se puede avanzar hacia un régimen genuinamente federal, con control popular, que rompa con un entorno de negocios que se ha venido instalando entre las grandes empresas del sector y las administraciones provinciales. Pero experiencias anteriores sobre las políticas del gobierno nacional que colaboraron con la consolidación de ese entorno, no ayudan a inspirar confianza. El cambio de rumbo señalado por las últimas medidas debería ser ratificado, al mismo tiempo que por las acciones inequívocas de los nuevos administradores, por un balance franco de las políticas aplicadas en la última década y de la actuación de los funcionarios responsables. Superar la crítica situación del abastecimiento de hidrocarburos y de la balanza comercial energética, requiere un gran esfuerzo nacional que pueda sobreponerse a la presión de los grandes intereses empresarios del sector y de los círculos de poder económico, que se ejerce también a través de los administradores funcionales a esos intereses. Entendemos como tarea primordial para lograrlo, alcanzar la unidad de objetivos y de acción de los trabajadores y sus organizaciones combativas, con los sectores políticos progresistas y las organizaciones populares defensoras del patrimonio nacional. Buenos Aires, 27 de agosto de 2012 HUGO PALAMIDESSI GUSTAVO CALLEJA JOSE RIGANE Vicepresidente Vicepresidente Presidente Leer más...